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Mostrando entradas de 2025

Tiempo

A veces pienso que el mundo está detenido porque tú no estás. Que el tiempo no puede avanzar hasta que aparezcas. Entonces veo nacimientos, defunciones y pasar cometas. El árbol seco no reverdece, pero el joven envejece. Vuelven a sonar las doce campanadas y cada una de mis uvas es un deseo de ti. Mi familia ya se cansó de decirme que el año que viene seguro sí. Yo siento que el tiempo no ha pasado por aquí. Me congelé, me detuve, como todo a mi alrededor. Y en un parpadeo pasé de cumplir veintinueve a treinta y tres. Pero te sigo esperando. Ya no con angustia, sino con esperanza y amor. Como desde el primer día que te concebí en mi corazón.

Este dolor

Este dolor es mío. Sólo mío y de nadie más. Este dolor es tan mío que me lo quiero quedar. El nihilista me ha dicho que lo niegue, que lo olvide, que lo ignore. El religioso, que lo ofrezca, que le encuentre la razón, que lo comprenda. En terapia me piden que lo hable, que lo acepte, que lo goce. Pero este dolor es mío, tan mío y de nadie más, que no hay otro parecido, que me lo quiero quedar. Que no lo pienso soltar, que no lo puedo olvidar, que lo quisiera guardar, que me lo voy a quedar.

Un lugar que ya no existe

Mirarte es transportarme a un lugar que ya no existe. Ese momento en el tiempo donde pensé que te amaba. Observo tu rostro y de repente vuelvo a ser una niña enamorada, inmersa en triángulos amorosos, un parque de diversiones ruidoso, en el punto más alto de la rueda de la fortuna, pidiéndole un deseo a las estrellas. Esa noche pedí que me besaras. Mi deseo se cumplió hasta un año después, en los quinceaños de Raquel. Todavía me acuerdo de tu saco negro manchado con mi maquillaje y todos los abrazos que nos dimos fuera del salón. Recuerdo mi nerviosismo al apoyarme de tu brazo para caminar con mis zapatillas sobre el empedrado, así como esa incomodidad que trataste de ocultar cuando sonó Belanova y te obligué a bailar. Mirarte me lleva a ese momento extraño donde cohabitaron en armonía nuestras versiones antiguas. Como si no hubiésemos sido nosotros, sino otros, quienes lo vivieron. Y en parte es verdad, porque esas personas ya no están. Hace mucho tiempo que te quitaron tus brackets. ...

Amigos de la universidad

Caía la tarde cuando los automóviles se estacionaron frente a la gran casa. Las luces exteriores acababan de encenderse e iluminaban con cálidos destellos dorados el azul zafiro del crepúsculo. Los anfitriones recibieron a sus invitados con largos abrazos y los condujeron adentro para dar inicio a la velada. —Me encanta tu casa, Corina. Es preciosa —comentó la única otra mujer de aquella reunión, mientras su anfitriona le servía vino tinto en su copa. —Muchas gracias, Andrea. Siempre soñamos con tener un lugar así, ¿verdad, Antonio? Antonio le dedicó una sonrisa mientras alzaba su copa a modo de brindis, sentado con los demás a la mesa. —Me gusta que equilibra lo tradicional y lo moderno: el estilo perfecto para una casa de campo —comentó Carlos al tiempo que destapaba otra botella. Mientras compartían la cena de cuatro tiempos que Corina había preparado con esmero, los amigos se pusieron al corriente de sus vidas. Habían pasado seis años desde la última vez que se vieron y debido a su...

Hoy me siento bien

Hoy me siento bien. Ya aprendí a no buscarme en donde no estoy: tus ojos, tu voz, tu corazón. Ahí no estoy. No estoy en la memoria muscular de tus abrazos. Se nota que tus labios olvidaron mi sabor. No estoy en tu futuro, presente ni pasado. Ahí no estoy. No estoy en tu humillación y sufrimiento. Tampoco en tus logros y éxitos. No en tus lágrimas ni en tu risa, ni siquiera en tu sonrisa. Ahí no estoy. Tanto tiempo fui parte de ti, Que quise buscarme en ti. Pero ya no estoy ahí:  Estoy aquí. Estoy en el sol que me da en la cara. En el viento que juega con mi cabello. Las ganas de levantarme de la cama. Ahí estoy. Estoy en mi creatividad, en mi poesía. En las cosas que construyo cada día. En mi amar, mi existir, mi habitar: Ahí estoy. Veo una ventana al frente. Observo mi peso en mi silla. Percibo la suavidad de mis rodillas. Aquí estoy.

Si tú, entonces yo

Si tú me quieres, yo valgo. Si piensas en mí, importo. Si dices mi nombre, existo. Si estás conmigo, yo vivo.

Catábasis

Llevo dos años y medio tratando de encontrarme. En el desierto dorado de su mirada penetrante. Bosques laberínticos de palabras que me hechizaban. Naufragio en islas perdidas de una mente extraordinaria. Llevo dos años y medio perdida entre las sombras. Vagando por un panteón, saqueando las catacumbas. Desenterrando ídolos antiguos en mis templos. Adorando figuras de latón, barro y cemento. Llevo dos años y medio buscándome entre los huesos de sacrificios humanos en el altar mi ego. Barcos que cambié de rumbo creyéndome ser el viento. Tesoros revendidos por la mitad de su precio. Mis brújulas no sirvieron; el por qué ahora lo entiendo. Quizás nunca estuve allí, por eso es que no me encuentro. Es momento de trazar mi propio mapa y caminos. Mi voluntad es la estrella polar que me guiará a mi destino.

Sueño

No puedo levantarme de la cama ahora mismo. Anoche soñé contigo. Me aferro a las sábanas como si fuesen tus manos.  A mi colchón, como a tus brazos.  Mi camisón son tus labios.  No quiero salir de aquí. Cierro mis ojos para mirarte.  Me esfuerzo en dormir para soñarte.  Me fundo en el silencio de la noche para escucharte.  Porque en mi vida real tú no estás. Por eso me sumerjo en sueños. Acaricio tu piel y te lleno de besos. Me pierdo en tus ojos claros y tiernos e imagino que soy tuya un momento. Otra vez, por una vez, al menos en mi cama porque desde hace tiempo la tuya está ocupada.

2005

Adelanté dos horas mis relojes para pensar mejor en ti. Si al conocernos hubiese adelantado dos décadas a mi existencia, tal vez todavía hablaríamos de amor. Veinte años después, vuelvo a admirar a quien fuiste. El muchacho inteligente que me hacía pensar e imaginar. Que me regalaba libros y me escribía poemas. Que me encontraba en museos y me citaba en cafés. El mismo que, por alguna razón incomprensible, me admiraba a su vez, a pesar de que yo no fuera digna del menor de sus afectos.   Dos décadas después, aún te admiro, quizás mejor. En tu sombra y resplandor. Contradicciones que a mí misma me acompañan todavía, que de alguna manera ya he hecho parte de mí. Porque te quiero y te odio, igual que antes, pero ahora por quererte tanto todavía. Por sentir algo por ti cuando ya no debería. Por desearte en mi presente cuando soy pasado para ti. Decir que te extraño sería vulgar después de todos estos años. Y sin embargo, te extraño.

Manchas de lágrimas, sangre y tinta

Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos, pero tu rostro se ha quedado congelado en mi memoria como en aquella foto sepia al fondo de mi cajón, donde llevabas tu uniforme de soldado raso. Si supieras cuánto he luchado conmigo misma por olvidarte, tú mismo me condecorarías como lo hicieron contigo.  Conservo los rasguños en mi pecho de cuando intenté extirparte de mi corazón. Los mechones grises de cabello de mis inútiles esfuerzos por arrancarte de mi cabeza. Manchas de lágrimas, sangre y tinta salpican las cartas que nunca te mandé. Y mis dedos no han cicatrizado porque no las dejo de escribir.  Muchos años han pasado desde la última vez que nos vimos y sin embargo, te sigo queriendo. En tu fotografía fría que no corresponde a mis besos. Las conversaciones que tengo contigo frente al espejo. La compañía que me das en la soledad de mi habitación. Y la ilusión de que aún te importa mi desolado corazón.

Cuando hablo contigo

Cuando hablo contigo recuerdo La persona que era. Lo alto que tocaba el cielo. Lo lejos que podía llegar. Hablo contigo y me acuerdo De quién soy, La mujer que quiero ser, Lo que me interesa y quiero intentar. Hablo contigo y vuelvo  A ser la persona que soñaba. La que tenía voluntad, inventiva. La inteligente, la creativa. La que te hacía suspirar, la que querías. Hablo contigo y de repente Vuelvo a ser yo.

Las mismas preguntas de siempre

¿Llegará el día en que tu nombre abandone mi mente? ¿En que se niegue a habitar mi corazón demente? ¿En que no tenga para mí más valor que sentido? ¿En que no pueda maltratar mi orgullo malherido? ¿Dejará un día de pesar en mi memoria? ¿De nombrar al héroe legendario de mi historia? ¿Me libraré de escribirlo después de todos estos años? ¿Renunciará a su poder de causarme tanto daño? ¿Podré leerlo algún día sin ansiedad ni temblores? ¿Pronunciarlo libre de vergüenza y de temores? ¿Su etimología dejará de ligarse conmigo? ¿Pasará de nombrar a un amor a mi enemigo? ¿Llegará el día en que tu nombre no acelere mi corazón? ¿En que no me haga dudar de mi cordura y razón? ¿Llegará el día tan anhelado en que ya no quiera llamarte? ¿Sucederá algún milagro y por fin dejaré de amarte?

Revelación

Estaba tan obsesionada con ser diferente,  que no se daba cuenta de que así,  tal cual era,  ya era suficiente. 

Salmo II

Señor, soy débil. Así me hiciste para que no me atreva a compararme contigo. Para que no me crea señor y amo de mi destino. Me hiciste débil, Señor, para adorarte. Te he fallado a ti y a quienes amo. Mi debilidad es lo que me hace humano. Mis errores me recuerdan que soy criatura falible. Que no debo confiar en mí, sólo en Ti. No debo preocuparme por mi debilidad. Es a través de mis fallas que me hago humilde. No soy buena, Señor, sólo Tú lo eres. Al que más se le perdona, más ama.

Florecer

Mi alma se siente florecer en la aridez del desierto.  Una llovizna desciende sobre mí desde lo alto del Cielo. Empapa mi interior con fe y esperanza, Como nunca antes desde que inició esta sequía. Es cierto que aún me enerva el ardor del clima seco. Me enfurece que no haya nadie que quiera sembrar por aquí. Pero la lluvia Celestial me calma con su agua bendita.  Y aunque no puedo convertir en bosque a este desierto, Con una flor que nazca en mí será suficiente.

C D M X

Lo bueno de esta ciudad tan cambiante es que ya no hay rastros de ti. Los lugares donde comimos, los cafés que compartimos, las cosas que nos dijimos, desaparecieron con todo lo demás. Hay un cine donde estaba el restaurante al que me llevaste en nuestra primera cita. Se convirtió en un salón de belleza la librería donde te confesé que te amaba. El parque donde te caíste y te curé, es ahora un lote baldío donde pondrán condominios. Y el lugar donde nos dimos nuestro primer beso se cayó con el último temblor. Ya no hay rastros de ti en esta ciudad tan cambiante. Hace tiempo que ya no queda huella de los dos.

Estrella fugaz

Sólo una vez te soñé. Estabas hecho de ese material extraño Con que se tejen los sueños: Nube vaporosa, suave y etérea, Incorpórea y sutil, de instantes e ideas. Y así como llegaste,  Te esfumaste; Dejando una estela de humo Tenaz y brillante. No te tocaba venir, Te fuiste pronto de aquí. No era tu hora de llegar: Fuiste una estrella fugaz.

Esperanza

Y de repente algo cambió.  Dios volvió a soplar sobre mí su aliento de vida  y esta figura de barro en que me había convertido,  recobró la vida y recuperó el sentido. ¿Es esto la esperanza? 

Carrera

Aprendí a correr, pero sólo porque te quería alcanzar.

Enamorarme de ti fue mi perdición

Enamorarme de ti fue mi ruina. En el instante en que te amé, me condené. Mi peor error fue hacerte parte de mi vida. Tu seducción se convirtió en mi maldición. Porque cuando te encontré, me perdí. Cuando te conocí, ya no supe más quién era. Te miré a los ojos y me convertiste en piedra. Y con un beso de tus labios bebí un veneno mortal. Y me morí. Se murió la mujer que yo era: llena de potencial, confianza y belleza. Ambición. Propósito. Felicidad. El colmo es que, como con Síndrome de Estocolmo, este cadáver seco aún sigue pensando en ti. Aspirando a que me regreses el aliento de vida que me robaste y el cofre del tesoro donde guardaste mi corazón. Al final, fuiste un ladrón disfrazado de príncipe. Un lobo despiadado vestido con piel de oveja. Un cobarde envalentonado con dotes de mal actor: mentiroso, traicionero, malo y manipulador. En mi mente conservo recuerdos de cosas que no sucedieron, imágenes de momentos felices entre los dos. Mi memoria me confunde mostrándome sólo lo bu...

Tú

Tu voz es una piscina en la que quiero sumergirme.  Una enredadera que se atora en mi interior.  Fuentes brotantes de miel que desbordan por mis oídos:  ámbar reluciente, oro derretido, terciopelo líquido. Tus ojos son un laberinto de donde no he encontrado la salida.  Trampas insaciables de arena movediza.  Transparentes, fosforescentes, que brillan en mi oscuridad.  Islas en que habitualmente suelo naufragar. ¿Y qué puedo decir de tu geografía?  Valles solitarios que claman por compañía. Tierra Santa por la que he peleado  cual cruzado  y reclamado mía desde el día en que te vi.

F5

Quiero aspirarte profundo. Impregnarme de ti. Inhalarte  como al aire puro de los bosques,  como al olor a tierra mojada,  como al aroma del café por las mañanas,  como a la brisa del mar. Quiero respirarte hondo Hasta que me inundes completa. Que tu aliento se convierta en el mío. Mi cuerpo obtenga la suavidad de tu piel. El color de tus ojos se confunda con los míos Y en mis pupilas puedan mirarte a ti.

La vie en rose

Ahora que he vuelto de mis vacaciones, siento nostalgia. Es cierto que agradezco estar de nuevo en casa, con mi familia, mis mascotas y mis árboles frutales; pero también extraño todo lo que me hizo feliz durante mi breve estancia en París. Siento nostalgia por la comida exquisita que degusté y esa crème brûlée que no creo volver a encontrar. Por las tapas de queso brie que probé el primer día, en esa baguette crujiente y rociadas con miel. Por  la blancura de la piedra caliza luteciana, los enormes museos desbordantes de arte y las terrazas bonitas de los restaurantes donde la propia existencia te obligaba a desacelerar. Extraño el café  noisette  que he intentado replicar en mi casa y el  croissant de cada día que lo solía acompañar. La posibilidad de pedir pain au chocolat  en cualquier panadería, cuya pronunciación me parecía tan dulce como su sabor. Pienso en las majestuosas iglesias de techos altos, cuyos altares desaparecían entre el humo...

Bitácora de viaje

París, Francia. Sábado 3 de mayo de 2025, 11:59 pm Hoy fue un día increíble. Nos despertamos a las 7:00 am en Londres para emprender nuestro viaje a París. Dormimos todos en la misma habitación de un hotel cerca de la estación de trenes y no fue tan caótico como pensé. De hecho, creo que la habitación era más grande que la del hostal en Liverpool.  Ayer por fin dormimos ocho horas luego de dos días de sólo dormir cuatro. Y creo que quizás justo porque ya pasaron esos días de alboroto y estrés, hoy por fin he podido relajarme y disfrutar. Como iba diciendo, hoy fue un hermoso día. Para empezar, Dios le concedió a mi hermana tomarse foto en la plataforma 9 3/4 de Harry Potter en King's Cross, a pesar de que no lo teníamos contemplado en el itinerario. Yo tenía mucha curiosidad por probar el café de Blank Street Coffee y por fin pude hacerlo cuando el Espíritu Santo me iluminó y me di cuenta de que nuestro tren a París no saldría desde King's Cross, sino de St. Pancrass, la estaci...

Epitafio

Te amaré por siempre, en el fondo de mi corazón, donde no lo sepa nadie, donde sea nuestro secreto, sin las miradas juiciosas del mundo a mi alrededor. Te amaré en tu recuerdo, en todas tus fotografías, en las cosas que me dejaste y que atesoraré. En las sonrisas que me dibujabas, en el cariño que me tenías, en las canciones que me cantabas, en lo mucho que me querías. Y te seguiré amando como lo hice desde el primer día, cuando me robaste el corazón y te lo quedaste para siempre. Y lo haré a escondidas, en el fondo de mi corazón, donde no lo sepa nadie, donde sea nuestro secreto, sin las miradas juiciosas del mundo a mi alrededor. 

Nostalgia

Me pregunto si te acordarás de mí cuando dices no, cuando dices nunca. Cuando ya no queda nada, ni nadie o ninguna. Cuando naufragas en negaciones, en la negrura de la noche. Cuando ves nacer narcisos, o nardos, o nenúfares. Si es así, no te preocupes: es normal, notable y noble las numerosas maneras en que puedes recordar mi nombre.

Escenarios II

—¿Alguna vez has pensado cómo hubiera sido la vida entre nosotros? —Algunas, sí —respondió avergonzada, sonriendo. —¿Y qué te imaginas? —Que me explicas por qué el cielo es azul. Él se echó a reír. —¿Qué más? —Nada más. —¿En serio? —Sí. Bueno, a veces me hago preguntas e imagino que tú me las contestas. Como por qué la leche sube al hervir. —Es por el vapor atrapado en la capa de grasa y proteínas. —A eso me refiero —dijo ella entre risas.  —¿Entonces eso es todo? ¿No imaginas nuestras rutinas o cómo serían nuestros hijos? —No, lo siento —contestó ella avergonzada—. ¿Tú sí? —A veces. Es decir, sólo respecto a las cosas que tenemos en común. Como que ahora también te gustan los perros, por ejemplo. Antes me decías que no querías tener mascotas. —Lo recuerdo. —También me imagino que veríamos series. —Eso es muy común —comentó ella, arqueando una ceja. —Pues sí, pero nunca antes vimos series juntos. —Es que no existía Netflix. —Lo sé, por eso sería una novedad. Ella sonrió. —En fin, y...

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo? ¿Quién me creo? ¿Por qué me siento con el derecho de añadirle a este mundo más versos? ¿Qué cosas puedo aportar que aún no se hayan escrito?  ¿Qué temas puedo tocar  que no estén ya publicados?  Amar, desamar, perder, anhelar...  ¿Qué cosa puedo agregar  a todo lo que ya existe?  ¿Acaso soy digna siquiera de coexistir con el resto de autores? ¿Qué estilos podría utilizar en que ellos no fueran mejores? ¿Quién soy yo?  ¿Por qué me creo con el derecho  de añadirle a este mundo más versos?

Me gusta cuando me lees

Me gusta que me leas. Que acaricies mis renglones con tus dedos y te los lleves a la boca para besar mis letras.  Me gusta que me desnudes el alma con la mirada y fantasees con la ilusión de que escribo sobre ti. Me gusta que te sumerjas en el mar de mis ideas y salgas empapado de frases de mi inspiración.  Me gusta que me degustes en cada una de mis palabras, cuando, sin darte cuenta, las murmuras mientras me lees. Por eso, léeme. Sedúceme. Provócame. Satisfáceme.  Me gusta cuando me lees.

Sin ti

La casa se siente vacía sin ti. Llenabas nuestra morada de alegría y canciones de amor. Te gustaba decir mi nombre, darme besos y bailar conmigo. Sólo a mí me decías "te quiero" y hasta teníamos una canción. Gritabas con entusiasmo cuando me veías y hasta las perras conocían tu forma de llamarme en tu lenguaje. Te escondías detrás de mi cabello cuando te posabas en mi hombro. Me dejabas abrirte las alas para admirar sus colores verde y azul. Volabas hacia mí cuando me alejaba. Imitabas el sonido de los estornudos y la camioneta al arrancar. Te gustaba remojar tus galletas en el agua. Eras entusiasmo y felicidad. La casa se siente triste sin ti. Los árboles siguen meciéndose al compás del viento, es cierto, pero los pájaros que comen de sus frutos perciben que algo cambió: hace rato que no se oyen canciones desde el umbral del portal. Mis otros animales parecen tristes y extrañados. Y el compañero que dejaste te extraña tanto como yo. La hierba en el campo continúa creciendo. ...

Realidad

Entonces despertaré Y no habrá sido sólo un sueño: Te habrás ido para siempre.

Pauli

Imagen
Ayer te dejé abierta tu jaula. No terminaste ni de comer cuando reclamaste tu libertad. Aquí dejaste tu manzana, tus semillas y tu agua, que se ven un poco tristes ahora que tú no estás. Como siempre quisiste, abriste tus alas verdes hacia el cielo azul que tanto te gustaba. Después de todo, siempre anhelaste ser otro de esos pajaritos que iban y venían a su antojo y se posaban junto a tu jaula para comer de lo que tirabas. Por eso no me sorprende que, en cuanto viste la oportunidad, te fuiste. Es cierto que te gustaban las palomitas, el cereal azucarado y las galletas con chispas, pero elegiste la dulzura de los duraznos silvestres, las copas de los ciruelos, picotear el maíz en mazorca, todavía sembrado en la milpa, y los cargados tejocotes y manzanos del vecino, a riesgo de encontrarte con algún espantapájaros.  Te fuiste tan deprisa, que olvidaste aquí a tu leal compañero, con quien tanto te peleabas pero que también tanto querías. Te fuiste tan deprisa que te olvidaste de Fili...

Desvarío

Entonces desaparecerás en el aire Te irás como la brisa que mece los árboles Flotarás como una nube Te elevarás en el viento Y me despediré de ti agitando la mano desde el suelo Como lo hacía de pequeña Con los aviones Que sobrevolaban mi ciudad. Te borrarás para siempre  De esta tierrra bendita Que llamamos hogar, Que yo llamé mi vida. Te irás incluso a mi pesar, Incluso aunque no lo quiera, Incluso aunque no pudiera ser de otra manera. Y dejaremos de ser dos Para ser uno para siempre Igual que como un día lo fuimos, Igual que como nunca siempre quise.

El Museo de las Muñecas Rotas

En la calle detrás del viejo edificio que solía fungir como oficinas de gobierno, existe un museo de muñecas rotas y decrépitas que un día fueron amadas y después, desechadas. Comenzó como un lugar de reparación de muñecas antiguas, pero cuando los dueños olvidaban recogerlas y nadie buscaba comprarlas, el propietario decidió conservarlas y exhibirlas en un aparador, a vista de merodeadores curiosos y viajeros excéntricos. El día que ingresé al hospicio de compañeras de plástico, madera y porcelana, lo primero que capturó mi atención fue una hermosa muñeca de piel lechosa, cabello caoba ensortijado, con un gorro y vestido blanco de flores y encaje, que tenía la mitad de su cara rota. Sobre la repisa, delante de sus pies, estaba escrito su nombre en una etiqueta dorada. Yo sólo pude pensar en la crueldad de nombrarla y abandonarla después. Había otra muñeca, la más antigua de todas, que tenía su propia vitrina en el anaquel. Se veía intacta, completa y, como leyendo mi mente, uno de los...

Epílogo

Imagen
Hoy traje de casa de mi mamá algunas cosas viejas que había dejado allí: cuadernos, hojas sueltas de mis notas de la universidad, libros, anuarios y dibujos.  A pesar de mi curiosidad por revisar el contenido de aquellas cajas, lo primero que hice fue correr a buscar mi vieja carpeta rosa, la que llevaba a la universidad a modo de cuaderno por imitación a mis compañeros europeos, con quienes estudié durante mi intercambio en Madrid. Recorrí las páginas hasta llegar al final de la carpeta, donde encontré pegada con cinta adhesiva en el reverso de la tapa, la imagen que recordaba y que me había servido de motivación durante mis años de escuela: una fotografía de mi futura casa.  "El color de las paredes es el mismo", comentó mi esposo cuando le mostré con entusiasmo la imagen envejecida y desgastada de una sala elegante con unas modernas escaleras al fondo.  Aún recuerdo cómo la conseguí. Hace muchos años, no me acuerdo con exactitud si iba en la primaria o en la secundaria...

Terapia

—Deberías ir a terapia. —Uy, no, amiga, yo no puedo. —¿Por qué? —Porque entonces ya no tendría de qué escribir.

Una parte de mí me obligó a publicar esto

En mi cabeza de escritora convive una dualidad: una parte es inocente, fantasiosa y creativa. No teme mostrarse a sí misma, porque es segura de sí. No se avergüenza de ser quien es, porque disfruta de serlo, y todo el tiempo está peleando con su otra mitad.  Esa otra mitad es insegura, no quiere ser criticada e intenta ahogar a la primera con pensamientos factuales: le recuerda su edad constantemente, lo que se supone debería estar haciendo y a veces le muestra el pasado para que se atormente. La primera escribe para sí misma, con el fin de pasarla bien y ejercitar su inventiva; es honesta consigo misma y valiente a la hora de crear (aunque la segunda cree que se autoengaña). La primera escribe cuando se le antoja y sobre cosas que a la segunda le avergüenzan; la segunda, exige publicar al menos una vez al mes y sólo si el texto tiene sabiduría y profundidad. La primera escribe para mantener a sus personajes vivos y la segunda, para mantener a sus lectores cautivos. La primera opin...