Chiquita
Chiquita llegó a la casa en un costal de harina vacío. El patrón la llevó a su hija Áurea tal cual la recogió de la barranca, luego de escuchar los aullidos de auxilio provenientes de atrás de la casa. Todavía chillaba como la encontró entre restos de basura, cuando le mostró a su niña la bola polvorienta de pelo negro que cabía en la palma de su mano abierta. — ¡Un cachorro! —Exclamó con emoción la pequeña. —Cachorra —corrigió el padre, poniendo al animal patas arriba. —Se va a llamar Chiquita —anunció Áurea mientras le acariciaba la cabeza a su nueva mascota sin necesidad de mayor ceremonia para su adopción y bautizo. —No le va a quedar el nombre, se ve que va a estar grande —arguyó el padre mostrándole las patas gruesas del pequeño animal indefenso que parecía cruza con perro labrador. —No me importa, será Chiquita —resolvió la pequeña con determinación, logrando que el padre soltara una carcajada en señal de aprobación. Pensaba que resultaría divertido que un perro tan grande se ll...