Otoño (II)
I - II - III II Regresé a casa sin poder dar crédito a lo que acababa de pasar. Habían pasado cinco años y medio de que no sabía nada de ella y ahora, como si nada, llegaba a pedirme un café para aumentar con ello las presiones en mi vida. Porque, después de todo, ¿de qué quiere hablar conmigo? Llegué exhausto y me tiré en el sillón, aventando mi gorro lo más lejos posible, como si aquella prenda fuera la habitación de mis tortuosos pensamientos. —¿Fernando? —Llamó una voz desde el segundo piso. —¿Tan pronto llegaste? Creí que irías a la editorial. —No. Fui por un café, nada más —respondí sin muchos ánimos. —Aquí tenemos café —comentó mi novia, Rebeca, bajando las escaleras. —Necesitaba salir. —¿Entonces por qué llegaste tan pronto? —Digamos que ya tampoco podía estar ahí. —¿Tampoco? Rebeca era una mujer divina. Era alta, de blanca piel y de cabello largo y castaño claro que combinaba con el verde de sus ojos. Era la mujer más bonita que había conocido y la más buena también, pero car...