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Abstinencia

Mi cuerpo tembloroso te ansía. Mi mente atormentada te extraña. Mis besos se resisten a habitar fuera de tus labios, celosos de poder llamarlos su primer hogar. Mi vista anhela tus ojos. Mis dedos, tu pelo. Mis palabras se niegan a existir si no es tu boca la que responde. Mi corazón es rechazado por mi propio cuerpo como un ente extraño: demasiado ardiente, demasiado vehemente, demasiado inconveniente para esta vida que elegí.  De noche sueño que me lo arrancas. Tomas un cuchillo y me abres el pecho. Lo acoges con delicadeza entre tus manos ensangrentadas y lo besas con ternura, consciente de que te pertenece. Por eso, ven. Reclama lo que es tuyo. Evita que este cuerpo exánime se pudra desde su interior, bajo esa lápida maldita que lleva su nombre, pero describe una vida que no reconoce.

Aquí estoy

Aquí estoy, para cuando necesites. Para cuando te sientas solo, aburrido o triste. Para esas noches en que no puedas conciliar el sueño. Cuando no tengas con quién hablar, aquí estoy. Para esos momentos en que cuestiones tu vida. Cuando quieras examinar lo que has logrado. Para compartirme algún recuerdo lejano. Aquí estoy. Aquí estoy. Yo, tu guía espiritual, la brújula cuyo norte es nuestra juventud. Tu carta de navegación, la incondicional, la que te obsequia a destajo la validación. Pero entonces yo me perderé. Me sentiré insuficiente. Dudaré de mi capacidad y lo cuestionaré todo. Acudiré a ti, pero no estarás. Hallaré en su lugar una nota con nuestro acuerdo: la paloma mensajera sólo conoce el camino de regreso, penitencia por haberme ido cuando estaba junto a ti. Entonces volveré a lo alto de la torre. Subiré abnegada los cientos de escalones. Y esperaré resignada, en la oscuridad y el silencio, a ese bendito momento en que me requieras otra vez.

Natal

Conocía la ciudad perfectamente. La contemplaba desde el cielo en sus largos vuelos y recitaba de memoria el nombre de sus poblados y riachuelos. Seguía con la mirada el cauce de las aguas como si de las venas azules de una amante se tratara. La había hecho suya tantas veces, que juraba reconocer en ella las huellas de sus pies. La ciudad, a su vez, lo quería. Lo extrañaba cuando faltaba. Se embriagaba en vino cuando no estaba. Y cuando regresaba, lo recibía con tañido de campanas, aves al vuelo. Con el brillo inmaculado de sus fuentes de agua clara. Y se preparaba para recibirlo en su interior. Ella le era leal, sin importar cuántas veces se fuera. Sin importar a cuántos otros viajeros recibiera. Esperaba paciente al hombre de su predilección, elegido por ella misma desde su propia fundación. Él le correspondía con cariño natural. Después de todo, era su lugar natal.

Exequias

Hoy me despedí de todo aquello que nos unía entre aroma de ocote encendido, fuego y cenizas. Se sintió como un ritual antiguo mi decisión impulsiva, hoguera de mezcal artesanal y velas benditas. Contemplé mientras ardían los vestigios de su seducción: grimorio de mi enamoramiento prolongado y obsesivo; cartas de navegación que juré me llevarían a él, mapa del tesoro de mi eterna fantasía. Vi su nombre y apellido consumirse entre las llamas y Dios sabe cuánto deseé exorcizarlo de mi ensoñación también. El humo de sus palabras se elevó cual incienso y honró a nuestros ancestros como ofrenda de copal: esas versiones de antaño que un día se amaron y que ya es justo y necesario dejar descansar en paz. Incineré mis sentimientos, temores y anhelos; las oportunidades perdidas, los sueños no realizados y todas aquellas cosas que todavía recordamos. Todo lo que fuimos quedó reducido a cenizas. Ojalá fuera metáfora, pero no lo es. Mis palmas quedaron tiznadas; mis dedos, ardiendo. Pero mi espírit...

Duelo

Duelo por lo que nunca fuimos. Por lo que no nos atrevimos. Lo que jamás confesamos. El cariño desperdiciado. Duelo por no haber sido valiente. No saber expresar mi corazón demente. Por lo que nunca pudo ser. Por tus ojos de amargo café. Duelo por los besos que no nos dimos. Los abrazos que dejamos escondidos. Las películas sin mirar acurrucados.  Las canciones que jamás nos dedicamos. Duelo con arrepentimiento Por no haber demostrado mis sentimientos. Por ser incapaz de hablar contigo Sin reprocharme siempre lo mismo. Sin volverme a obsesionar. Mi vida entera cuestionar.  Sin preguntarme ¿y qué tal si...? Duelo porque te perdí.

No eres tú, soy yo

No eres tú, soy yo. Yo, y el oscuro poder que él ejerce sobre mí. La influencia de sus ojos negros, territoriales y pérfidos, que penetran hasta el fondo de mi alma para robarme la juventud. Yo, y su mente extraordinaria que me deslumbra y enceguece, obligándome a caminar a tientas hacia mi propia perdición. Anhelando el toque de sus manos, sus brazos, sus labios. La textura de su pelo enmarañado que resguarda sus excéntricas ideas. Soy yo, y sus palabras que me atraviesan como un hechizo, cuando dice lo correcto en el momento preciso. Elabora sus pociones con destreza de alquimista y yo bebo del elixir milagroso que estimula mi intelecto y corazón. No eres tú, soy yo y este antiguo maleficio con que he tenido que vivir mientras me voy muriendo en secreto. Nadando hacia la superficie contra la sirena que me ahoga, luchando por respirar con quien me roba el aliento. Y así, en soledad, sin compartirlo con nadie. Sin atreverme ni a admitirlo conmigo misma en la cordura. Callándolo, ocultá...

Frankie

Nunca me has parecido débil. Al contrario, te ves rudo. La cicatriz que atraviesa tu frente no me recuerda que has sufrido, sino que has luchado. Que eres fuerte, que has sobrevivido, que triunfaste sobre la adversidad. Quizás yo misma debería comenzar a verme de esa manera. Mis cicatrices también cuentan historias. La más fea, de cuando derrapé sobre mi rodilla jugando fútbol a los ocho años. Otra, de cuando quise probarme a mí misma frente al niño que me gustaba y me subí con él a una cerca y me caí. Tengo otra en la frente de cuando me dio varicela. Y otras de las dos veces que me tuvieron que operar. Algunas no se notan a simple vista, pero ahí están. Como esa de la primera vez que me rompieron el corazón y a su lado, la de la segunda. Tengo un par de cuando perdí amigos muy queridos. Y me queda alguna de cuando me hicieron gaslight . Conservo la de la vez que mi papá estuvo muy enfermo y otra de cuando mi mamá terminó en el hospital. Hay una de cuando mi hermana estuvo en cirugía ...

Nostos

Sigue diciéndome quién soy. Susúrramelo al oído. Sácame del estupor para escuchar lo que sabes de mí. Escudriña mis recuerdos, temores y afectos y úsalos como materia prima para esculpir mi ideal. Quítame lo que sobra, ponme donde haga falta y revierte esta figura deformada que he hecho de mí. Regrésame a la vida, mejórame desde el alma, porque sólo tú conoces los caminos de mi interior. Toma mi espíritu y devuélvelo a su cuerpo. Alumbra con tu linterna mi profunda oscuridad. Ayúdame a encontrar mi versión que no recuerdo, pero que, de algún modo, tú te niegas a olvidar. Conoces mis defectos, capacidades y sueños. Trae de vuelta a la  extraviada que sólo tú sabes hallar. No te pediré que hagas más por salvarme. Solamente s igue diciéndome quién soy.

Cometa

Una vez cada diez años, durante tres horas seguidas, atraviesa por mi firmamento tu brillo estelar. Lo espero con la paciencia de una mujer que ha envejecido, pero con la ansiedad del adicto al narcótico de su predilección. Me hablas y tus palabras son como heroína en mi torrente sanguíneo. Me complaces y me halagas y me intoxicas el corazón. No puedo menos que admirar tu fulgor extraordinario, que ilumina mis noches en vela como el sol al mediodía. Haces de la penumbra nuestra guarida secreta y me dejo guiar por tu luz como si no conociera el dormir.  Recorremos juntos los laberintos de nuestro pasado. Te abres paso entre mis bitácoras como explorador nato. Construimos nuevas habitaciones en nuestra memoria. Y luego, como siempre, te vas. En mi ensoñación no me dejas, sino que subo contigo al cometa. Reclamamos el destino que tantas veces rechazamos. Llegamos al lugar que se nos tenía reservado. Y nos quedamos juntos como estaba escrito. Pero, como siempre, no nos atrevemos: ni yo...

Paz

Y de repente, vuelve a sentirse bien habitar la propia piel.

Hoy me siento muy bien

Acabo de salir de mi sesión de terapia —donde ya agarré la buena costumbre de encender antes un cirio— y gracias a Dios Todopoderoso, me siento muy bien. Hoy tuve un avance. Por primera vez en mucho tiempo, por fin me abrí a la posibilidad de -- ----- ----- . Mi psicóloga y yo estuvimos escarbando hasta mi parte más profunda, donde descubrimos que mi plenitud se deriva de desarrollarme en el aspecto físico (ejercicio), espiritual (oración) e intelectual , mismo que desde hace tiempo tengo descuidado. Es refrescante saber que no necesito reinventarme, sino reencontrarme. Y estoy en ese camino. Me siento emocionada de volver a mirarme, quererme y admirarme. Estoy emocionada de volver. A. M. D. G. 

Cabellología

Siempre he pensado que una mujer peinada es una mujer que tiene en orden su vida. A lo mejor no es así, quizás sólo sea mi tendencia a idealizar la vida de los demás; pero creo que si tienes el tiempo para hacerte ondas en el cabello, darle volumen con una secadora de mano o ponerte rizadores la noche anterior, es porque ya le asignaste un espacio y tiempo a todo lo demás. Yo siempre he ido por la vida con el cabello suelto, lacio. Llevo tres años intentando encontrar mi estilo. Cuando abandoné mi trabajo corporativo, supe que era un buen momento para reinventarme. En mi vida de estudiante, llevaba mi cabello natural, lacio y suelto como cualquiera otra en aquellos días. Fue hasta 2015, año en que empecé a trabajar y a ganar mi propio dinero, que se me antojó teñirlo con luces moradas y fucsia como estaba tan de moda en esa época. Sin embargo, como mi puesto era algo importante y serio, pensé que lo mejor sería apegarme a mi cabello natural. La primera vez que me teñí fue cuando dejé d...

Mar

No estás aquí, pero aún te veo en el espacio entre el mar y el sol al amanecer. En el destello dorado  que provoca en su superficie y en el viento que mece las aguas  queriéndolas despertar. Te veo en la ola adormilada  que rompe despacio en la orilla, así como en el vuelo  de la gaviota libre. En la espesa bruma fría  de las seis de la mañana y en la arena obstinada  que se aferra a mis pies. Veo lo poco que fuimos  como corales destrozados,  arrastrados sin voluntad y crueldad hasta la playa. Y veo todo lo que no fuimos como los granos de arena que se escapan entre mis dedos  sin poderlo evitar.

F6

Sólo tú me vuelves loca. Si me miras, si me tocas. Das la media vuelta y a mi reino lo derrocas. Vuelves a mí y entonces puedo cantar victoria. Estoy entregada a ti tan profundamente, como pétalos de ciruelo que se dan al vendaval. Muero con uno solo de tus besos y resucito al día siguiente que despierto junto a ti. Entra tímido el sol por la ventana y alumbra nuestro lecho, en nuestra habitación, que guarda el calor de despertar entre tus brazos y la alegría de ver primero tus ojitos al abrir. Todo es cálido, iluminado. Claro, acogedor. Feliz, sincero. La vida a tu lado es un sueño.

Amor digital

I Quiero quedarme un momento más contemplando tu nombre en la pantalla de mi celular cuando aparece, como si eso bastara para tenerte. Quiero mirar tu rostro encendido cuando me llamas, sin saber si contestarte o no, dividida entre el deseo de mirarte y el anhelo de escuchar tu voz. Quiero deleitar a mis sentidos haciéndoles creer que estás conmigo: a mis ojos, con tu foto de perfil y a mi oído, con tus notas de voz. A mi olfato, con el recuerdo de tu loción. A mi gusto, con el sabor de mi labial. Y a mi tacto, con mis propias manos, mientras recorro mi cuerpo e imagino que te tengo fuera de mi celular. II Te quiero tanto como para soltarme el cabello bien peinado  mientras me hago una cola de caballo y tomar el celular y escribirte. III I just keep scrolling so I can find you.

¿Se puede?

¿Se puede llamarte con el pensamiento?  ¿Forzarte a aparecer con la imaginación?  ¿Motivar un mensaje, incitar una llamada,  con el simple deseo de mi corazón?

Desaparición

No te sorprendas si un día no amanezco a tu lado. Si mis raíces podridas de pronto se convierten en alas. Si el miedo a decepcionar a los demás de repente se me desvanece Y empieza a ser más fuerte en mí el temor a fallarme a mí misma. No te sorprendas si un día mi único rastro es una nota escrita. Si las sábanas de nuestra cama cuelgan atadas por el balcón. Si mi caballo cenizo desaparece de su cobertizo. Porque ese día lo habré montado para no volver jamás. No te sorprendas si un día ya no me encuentras por los rincones, Llorándole a un amor perdido que se llama igual que yo. Ese día estaré muy lejos, embriagada de osadía, Mientras termino de escribir mi última carta de amor.

Deseo

Este deseo es tan grande que brota de mi corazón como un tallo que se alarga y se estira hacia el cielo, implorando por hacerse oír. Le salen flores a los costados color carmín y violeta, y hojitas tiernas verde limón de un suave y dulce perfume. Las flores se vuelven frutos con el paso del tiempo. Alimentan a los pájaros silvestres de mi oración. Cantan alegres amorosas alabanzas durante el día  y en la noche terminan cansados de tanto volar. En sus sueños, ansían mirarte,  cantarte, jugar contigo. Y todo eso desde el lugar más profundo de mi corazón.

Otro seis de enero

Esta mañana los pequeños salieron al encuentro de los Reyes Magos. Algunos recibieron carritos; otras, muñecas; y un par de bebés agitaron sus sonajas de novedad. Mientras ellos abrían sus presentes delante de papá y mamá, yo bajé a mi sala emocionda pero no te encontré. Dese hace varios años mi árbol está vacío de regalos. No te hallé entre listones y papeles multicolor. No te vi bajo el destello de las esferas de cristal. No estabas frente a las luces del árbol de Navidad. Esta mañana de seis de enero tampoco te encontré. Escucho a lo lejos risas por los juegos ganados, el murmullo de las muñecas que dicen “mamá”, el llanto de un niño pequeño en medio de la algarabía, desde el silencio de mi casa en otro seis de enero.