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Mostrando entradas de octubre, 2016

Microcuento II

Ella rezaba por su felicidad y él por la de ella. Y fueron felices. Pero nunca más lo fueron juntos.

Me curé de ti

Hoy, de manera genuina,  puedo decir que me he curado. De la enfermedad crónica de extrañarte, del profundo anhelo de abrazarte, de la ingenua terquedad de pensarnos como un cuento, y el deseo infantil de regresar el tiempo. Me curé por fin de mirar hacia el pasado, de ver el pasto más verde de ese otro lado. Me curé por fin de la nostalgia y la tristeza y de seguir poniéndote un plato en la mesa. Me curé del hábito de caminar entre tumbas, de sacar nuestros cadáveres de sus catacumbas, de amar la jaula de oro de mi corazón malherido y sollozar por las noches por nuestro amor perdido. Me curé de las nubes que oscurecían mi presente, de la densa neblina que me cegaba al futuro, de las pesadas cadenas con que cargaba el pasado y volví a sentir mi corazón liviano. Hoy por fin puedo decir  que me curé de ti.

Corolario

Tal vez te hice más grande de lo que realmente eras. Y no a raíz del enamoramiento, sino por lo que dejé detrás por ti. Después de todo, una cosa sólo vale aquello en lo que puede ser vendida y en ese momento te intercambié por lo mejor que tenía. Por mucho tiempo pensé que había sido al revés, que tú eras más valioso que eso que dejé atrás. En perspectiva, hoy me doy cuenta que aquello era más importante y tú adquiriste valor sólo después de intercambiarte, no antes. “¿Y a qué viene todo esto?”, quizás te preguntarás. Ni yo misma lo sé, quizás sea sólo la vanidad de recordar que hubo un tiempo en que yo asignaba el valor de las personas, y así como se los daba, se los quitaba a deshoras. A modo de corolario, tú no tenías tanto valor, fui yo quien te lo di. Y en el momento en que te fuiste, tú mismo lo perdiste. Supongo que te sorprendió no ser tan valioso al regresar al mercado. A modo de corolario, no creo que lo seas en ningún otro lado.