Otro Cuento de Navidad
El estornudo del señor Scrooge resonó como un estruendo en la casa vacía. Comió su insípida cena y miró la televisión sin encender la calefacción eléctrica, a pesar del frío. El mes pasado no la había utilizado y el recibo de luz llegó más barato. Mascó un pedazo de tortilla vieja mientras continuaba pensando en lo sucedido esa tarde en su despacho. —Por favor, tienes que ayudarlos —suplicó su sobrino—. La Biblia dice que hay que ayudar a los necesitados. —¿Por qué he de ayudar a los que no se ayudan a sí mismos? Que se ayuden ellos mismos. —Lo intentan, pero han tenido mala suerte. —Uno mismo es quien fabrica su suerte. —Tío, el Señor nos llama a ayudar sin juzgar. ¿Recuerdas el sermón del domingo pasado? —Yo no reniego de que cenen conmigo. El problema es que quieres hospedarlos en mi casa. Les abro la puerta en la Navidad y luego van a querer quedarse hasta Año Nuevo. No, gracias. —No tienen a dónde ir, hazles esta caridad por esta vez, por favor, tío. —¿Qué no hay albergues? ¿Asilo...