Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2026

Exequias

Hoy me despedí de todo aquello que nos unía entre aroma de ocote encendido, fuego y cenizas. Se sintió como un ritual antiguo mi decisión impulsiva, hoguera de mezcal artesanal y velas benditas. Contemplé mientras ardían los vestigios de su seducción: grimorio de mi enamoramiento prolongado y obsesivo; cartas de navegación que juré me llevarían a él, mapa del tesoro de mi eterna fantasía. Vi su nombre y apellido consumirse entre las llamas y Dios sabe cuánto deseé exorcizarlo de mi ensoñación también. El humo de sus palabras se elevó cual incienso y honró a nuestros ancestros como ofrenda de copal: esas versiones de antaño que un día se amaron y que ya es justo y necesario dejar descansar en paz. Incineré mis sentimientos, temores y anhelos; las oportunidades perdidas, los sueños no realizados y todas aquellas cosas que todavía recordamos. Todo lo que fuimos quedó reducido a cenizas. Ojalá fuera metáfora, pero no lo es. Mis palmas quedaron tiznadas; mis dedos, ardiendo. Pero mi espírit...

Duelo

Duelo por lo que nunca fuimos. Por lo que no nos atrevimos. Lo que jamás confesamos. El cariño desperdiciado. Duelo por no haber sido valiente. No saber expresar mi corazón demente. Por lo que nunca pudo ser. Por tus ojos de amargo café. Duelo por los besos que no nos dimos. Los abrazos que dejamos escondidos. Las películas sin mirar acurrucados.  Las canciones que jamás nos dedicamos. Duelo con arrepentimiento Por no haber demostrado mis sentimientos. Por ser incapaz de hablar contigo Sin reprocharme siempre lo mismo. Sin volverme a obsesionar. Mi vida entera cuestionar.  Sin preguntarme ¿y qué tal si...? Duelo porque te perdí.

No eres tú, soy yo

No eres tú, soy yo. Yo, y el oscuro poder que él ejerce sobre mí. La influencia de sus ojos negros, territoriales y pérfidos, que penetran hasta el fondo de mi alma para robarme la juventud. Yo, y su mente extraordinaria que me deslumbra y enceguece, obligándome a caminar a tientas hacia mi propia perdición. Anhelando el toque de sus manos, sus brazos, sus labios. La textura de su pelo enmarañado que resguarda sus excéntricas ideas. Soy yo, y sus palabras que me atraviesan como un hechizo, cuando dice lo correcto en el momento preciso. Elabora sus pociones con destreza de alquimista y yo bebo del elixir milagroso que estimula mi intelecto y corazón. No eres tú, soy yo y este antiguo maleficio con que he tenido que vivir mientras me voy muriendo en secreto. Nadando hacia la superficie contra la sirena que me ahoga, luchando por respirar con quien me roba el aliento. Y así, en soledad, sin compartirlo con nadie. Sin atreverme ni a admitirlo conmigo misma en la cordura. Callándolo, ocultá...