Enología
No habíamos terminado nuestra segunda copa de vino, cuando descubrí complacida que se había colocado justo detrás de mí para mirar conmigo por la ventana. No lo voy a negar, llevaba mucho tiempo esperando esto y me sorprendí a mí misma al darme cuenta que todo estaba saliendo como lo había imaginado. —Sí, es la Biblioteca Central —dijo, llevándose su copa a los labios. La calidez de su aliento en mi cuello me erizaba la piel, al tiempo que disfrutaba embelesada de la suavidad de su colonia, esa que desde hace un par de años había adoptado como su sello personal y que persistía en mi memoria hasta el día de hoy. No pude evitar sonreír al percibirla de nuevo emanando directo de su piel morena. Le pregunté por el Estadio Universitario y pasando su mano libre sobre mi hombro, señaló un diminuto campo de fútbol a la lejanía. Dejé escapar una risita de satisfacción por el éxito de mi treta. Aunque siempre nos dimos aires de intelectuales, era evidente que ambos disfrutábamos del juego de...