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Mostrando entradas de agosto, 2024

Abecedario

Un día de hace mucho tiempo, A escribió un cuento para impresionar a B. El plan resultó tal como lo esperaba, pues sabía de antemano que a B le gustaban los cuentos de C, quien escribía relatos que ganaban concursos y que B había conocido en su juventud. Con el paso del tiempo, sin B ni C en el horizonte, A continuó escribiendo sin darse cuenta de que no sólo le gustaba, sino que lo necesitaba tanto como respirar. Muchos años más tarde, A empezó a salir con D sin darse cuenta de que, al igual que la vez pasada, su nuevo rival de amores, E, también escribía. A descubrió los escritos de E y aprendió un par de cosas. E, por otro lado, encontró los de A y dejó de escribir. A llegó a decir que D fue lo mejor que le pasó a su escritura y aunque es verdad que por un tiempo fue su mayor musa, su más profunda inspiración siempre provino de B. A continuó escribiendo sin B, C, D y E como sus testigos, incluso cuando perdió a F y G como lectores asiduos; pero para ese entonces ya no lo hacía para ...

Valídame

Ven. Valídame. Necesito que tú me valides. Dime que voy bien, que estás orgulloso de mí, que cumplí con tus expectativas, que te complace verme feliz. Dime que el destino que elegí concuerda con la forma como me veías y que sí se equipara al tuyo, aunque parezca que no. Dime que he mejorado, que he progresado, que he cambiado. Dime que mi resultado ha sido sólo para bien.  Dime que así me querrías, que aún así me elegirías, dime que todavía te habrías fijado en mí.  Por eso, ven, valídame. Necesito que tú me valides. Necesito que tú me lo digas. Quiero escucharlo de ti.

Luciérnagas

En temporada de lluvia, las estrellas se caen del cielo. Inmensos nubarrones cubren el firmamento y los astros que estábamos acostumbrados a ver, de repente ya no están. Las constelaciones se han perdido; Orión y la liebre se han ido y parecen no querer regresar. Entonces, al caer la tarde, diminutas luces brillantes se asoman entre los matorrales en la lejanía. Pequeños cuerpos celestes titilan y danzan flotando en el aire, compartiendo con nosotros su cálido fulgor. No hay luz como esa hecha por el hombre. Deben ser las estrellas. En temporada de lluvia, las estrellas se caen del cielo. Bajan y nos visitan y se dignan a convivir con los humanos. Levitan sobre el pasto verde y juegan en las copas de los árboles. Y si extiendes la mano en el aire, un lucero luminoso llega volando hacia ti. Algunos dicen que son hadas, yo creo que son estrellas, pero quienes viven por acá les llaman luciérnagas.