Extraño
Te extraño como nunca, como siempre y como no debería. Extraño tus palabras saliendo de tu boca a toda fuerza, con tu voz potente y varonil que me persigue al día de hoy. Extraño tus ojos, tu mirada cruzando la mía y la sonrisa que dibujaban tus labios cuando notabas que te veía. Extraño mi cabeza en tu hombro, desnudos sobre tu cama, con las sábanas entre las piernas después de hacer el amor. Extraño tus brazos fuertes y tus manos toscas. La tersura de tu pecho y la aspereza de tu barbilla. Y tu aliento mentolado por la goma de mascar que te llevabas a la boca para dejar de fumar.
Hace tanto que no sé de ti, que desconozco si sigues igual, y hace tanto que no te recuerdo, que ya casi te me olvidas. Por eso no, miento, en realidad no te extraño. Extraño la efigie que hice de ti en mi mente, apoyada en mi débil memoria, llenando los espacios vacíos con ayuda de mi imaginación. Extraño al extraño, al hombre que nunca fuiste; al que siempre quise que fueras, pero jamás pudiste. Por eso no, miento. No es verdad que te extraño. Porque no te extraño a ti, sino a mi idea de ti: un extraño.
Comentarios
Publicar un comentario
Comentar