Bitácora de viaje
París, Francia. Sábado 3 de mayo de 2025, 11:59 pm
Hoy fue un día increíble. Nos despertamos a las 7:00 am en Londres para emprender nuestro viaje a París. Dormimos todos en la misma habitación de un hotel cerca de la estación de trenes y no fue tan caótico como pensé. De hecho, creo que la habitación era más grande que la del hostal en Liverpool.
Ayer por fin dormimos ocho horas luego de dos días de sólo dormir cuatro. Y creo que quizás justo porque ya pasaron esos días de alboroto y estrés, hoy por fin he podido relajarme y disfrutar, por lastimoso que suene.
Como iba diciendo, hoy fue un hermoso día. Para empezar, Dios le concedió a mi hermana tomarse foto en la plataforma 9 3/4 de Harry Potter en King's Cross, a pesar de que no lo teníamos contemplado en el itinerario. Yo tenía mucha curiosidad por probar el café de Blank Street Coffee y por fin pude hacerlo cuando el Espíritu Santo me iluminó y me di cuenta de que nuestro tren a París no saldría de King's Cross, sino de St. Pancrass, la estación de enfrente.
Abordamos y nos sentamos en lo reservado: una mesa con cuatro lugares al lado de la ventana. Desayunamos ahí lo que compramos en el Marks & Spencer de King's Cross y aproveché los veinticinco minutos que duró el paso por el Eurotúnel para maquillarme.
París nos recibió con mucho sol y calor. Compramos una tarjeta de transporte de catorce euros con viajes ilimitados durante el día, lo que nos permitió también utilizar el funicular de Montmartre. Nos dirigimos hacia el alojamiento y nos dio gusto ver por fin un hotel decente, con elevadores nuevos, camas cómodas y almohadas mullidas. Y es que en Londres ni a ventana llegamos. A mi esposo y a mí nos dieron una habitación en el sótano al que teníamos que acceder tomando dos elevadores distintos o bien, un elevador y escaleras.
La cama no fue cómoda, las almohadas eran planas y no se podía regular el aire acondicionado, por lo que hizo mucho frío durante la noche. A pesar de todo, nos dio un poco de tristeza abandonar lo que fue nuestro hospedaje por una semana en Queensway, muy cerca de los jardines de Kengsinton y de Ibo Café, el lugar bonito donde desayunábamos a diario.
En París, nos sorprendió la belleza de las calles. Yo ya había venido, pero no recordaba lo bello que era. Quizás sea que esta vez me tocó verlo con sol en primavera, no sé. Nos dirigimos a Montmartre y en cuanto salimos del metro, se desató una lluvia tupida. Nos burlamos de Fidel, que el día anterior se había quejado de no haber podido usar el paraguas, los zapatos y chamarra impermeables que había comprado.
La lluvia se detuvo de golpe en cuanto elegimos el lugar para comer. Se puso tan soleado de nuevo, que nos atrevimos a sentar en la terraza. Comimos una pizza y ensalada deliciosos y yo me di el gusto de tomarme una copa de vino. "Living the dream", le comenté a mi hermana, como nos dijo el guía del tour que tomamos en Liverpool, cuando atravesamos Penny Lane cantando la canción homónima bajo el cielo azul suburbano, como dice la misma.
Lo que quería decir en realidad era "life can't get any better", pero al parecer sí se podía y así fue. Abordamos el funicular y comenzó a llover de nuevo, ahora de manera torrencial. No me importaba demasiado, habíamos tenido tantos días de sol en Londres, que esperarlos también en París era mucho atrevimiento.
Salimos del funicular y los turistas sin paraguas tuvieron que permanecer resguardados en algún lugar techado, así que nos tocó disfrutar del mirador de Montmartre completamente solos. No entendimos la bendición que aquello significaba hasta que salimos de dar el tour por la iglesia del Sagrado Corazón y lo encontramos repleto de gente, luego de que la lluvia terminó.
El interior de la iglesia me pareció bellísimo. Tanto, que comencé a llorar de la misma manera en que lo hice cuando la actriz que interpretó a Christine en el Fantasma de la Opera terminó de cantar "Think of me" en His Majesty's Theater, en West End, donde lo vimos el miércoles pasado.
Creo que lloré en el Santuario porque Jesús Sacramentado estaba presente y un grupo de monjas lo adoraban mientras los turistas paseábamos por allí. Mi hermana investigó que Montmartre ha sido un lugar sagrado desde hace muchas generaciones. Quizás eso tuviera que ver.
Me impresionó ver la imagen de la Virgen de Guadalupe tan lejos de su hogar. Pensé que ver su imagen en el extranjero te hace sentir como en casa. También había una imagen bellísima de Santa Teresita de Lisieux, una de mis santas favoritas. Y encontré una reliquia de Juan Pablo II y otra de Santa Marguerite Marie Alacoque, la santa a la que le debemos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Me emocionó ver a gente de todas partes del mundo adorando al mismo Dios. Y le pedí un favor especial a la Virgen con el Niño y de paso a San Antonio, que estaba enfrente. Lo más especial de todo fue que nos dieron una bendición con agua de Lourdes, tomada del mismo manantial de la aparición.
Adoré a Jesús unos minutos antes de salir. Y me sorprendió pensar que al menos ya van tres veces en este viaje tan corto en que puedo arrodillarme frente a Él: la primera, durante la misa de domingo en el Oratorio Nacional de Londres; la segunda, en el sagrario del pueblo de Bampton, a donde fuimos como parte del tour de locaciones de Downton Abbey, antes de visitar Highclere Castle; y la tercera, aquí, en el Sacre Coeur de Montmartre, expuesto en todo su esplendor en la iglesia de cuya advocación me he hecho devota. Me sentí muy bendecida.
Al salir de la iglesia, nos tomamos un refresco en Place du Tertre, donde vimos a los artistas parisinos dibujar retratos. No lo hubiéramos hecho de no ser porque en ese mismo momento, se acababan de desocupar cuatro lugares en una de las terrazas de esa pequeña plaza repleta de turistas.
Regresamos al mirador para ver todo lo que no habíamos podido apreciar por la lluvia y que tampoco había podido ver hace doce años que vine, porque era de noche. Caminamos hacia un restaurante de crepas baratas y deliciosas, donde por casualidad también había cuatro lugares disponibles afuera. Me sentí dichosa de poder disfrutar de la vida parisina, luego de que la última vez que vine sólo comí en McDonald's por ser estudiante.
Regresamos al hotel y no he podido conciliar el sueño por continuar pensando en lo bien que lo pasamos hoy. Desearía poder decir lo mismo de Londres, pero la verdad es que fue cansado y poco emocionante. No sé por qué. Lo único interesante para mí fue precisamente lo que no conocía: el Museo Británico y el de Historia Natural.
Quizás sea que fui con muy altas expectativas. Recuerdo que la primera vez que fui me enamoré de la ciudad, pero ahora, lo que me había enamorado de ella ya no existía: la gente amable y cariñosa resultó más escasa de lo que recordaba, el nuevo ruido de la ciudad terminó con el silencio que yo tanto presumía y la limpieza de las calles dejó mucho qué desear. Quizás haya sido una lección para dejar de soñar imposibles, la forma de Dios de ponerme los pies sobre la tierra y aprender que hay cosas que uno idealiza, pero en realidad no son así.
En fin, primero Dios, mañana nos levantaremos temprano de nuevo. Tengo que dormir.
Gracias, Señor, por tanto.
A. M. D. G.
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