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Mostrando entradas de mayo, 2016

Nada

No quiero nada que me ligue a ti ni nada que te ligue conmigo. No quiero tener los mismos recuerdos que tú. No quiero amigos en común, ni cercanos ni viejos. Tampoco quiero a la familia de por medio. No quiero canciones ni películas ni lugares compartidos. No quiero jefes o profesores ni ex compañeros en común. No quiero que guardes mis cartas ni fotografías. Quiero que borres los vídeos y mis mensajes de voz. No quiero historias ni bromas o apodos que nos dijimos. No quiero odio ni tristeza ni mucho menos amor. No quiero recuerdos, pensamientos, lágrimas ni sonrisas. No quiero nada. No quiero nada. No quiero nada de ti.

De nada sirve

No. Las lágrimas no son mensajes que atraviesan la noche y llegan a alguien más incitando sueños y deseos, inspirando acciones y pensamientos. Tampoco la tristeza se contagia a distancia o se percibe de lejos; no se siente cuando alguien se ríe o cuando el otro llora. No se puede saber cuando alguien te necesita si no te lo dice. No se puede saber qué siente otro si no le preguntas. No se puede llamar a alguien con la fuerza de los pensamientos, concentrándose en entrar a su cerebro, en especial cuando ni lograste entrar en su corazón. Tampoco las palabras se envían a través del espejo; que Alicia lo atravesara no es más que puro cuento, porque los besos y las miradas, las frases ensayadas, se quedan ahí y rebotan, no llegan a nadie más. No. De nada sirve llorar. De nada sirve estar triste. Nadie te mira, nadie se entera, ni de las noches sin dormir ni de ese llanto a media tarde. Ni del latido acelerado que se produce al acordarte. No por llorar alguien se sentirá culpable. No por es...

Me olvidé de mí

Me olvidé de mí al quererte, al necesitarte, al escucharte. Al tratar de que no te me fueras, al querer seguir siendo bella sólamente para ti. Me olvidé de mí porque te tenía, porque fuiste mi mayor proeza, porque no había aventura si no era a tu lado, porque no tenía nada en ningún otro lado. Me olvidé de mí porque así lo quise; en su momento, ni lo noté. Porque no necesitaba recordar nada más si tus besos me daban vida en este lugar. Me olvidé de mí y en cuanto te fuiste creí que ya no me podría recordar. Pero entonces vi lo que hice para olvidarme y entonces empecé a olvidarte a ti. Me olvidé de ti al quererme, al necesitarme, al escucharme. Al tratar de que te fueras, al sacarte de mi sistema, al querer seguir siendo bella pero ahora para mí. Y me acordé de mí.

Eva

Tengo que escribir sobre Eva antes que me olvide de ella. Y lo hago aquí, en secreto, porque ella pagará la sesión. No siempre se va por ahí a que le borren a uno la memoria, en especial porque el procedimiento suele ser caro, pero Eva es de esas chicas que están dispuestas a pagarlas y no porque sea generosa, sino porque ya está harta de mí. Supongo que no fue su culpa haberme enamorado de esta manera, amando con cada célula de mi ser las suyas.  Quiero escribir sobre Eva porque así como va su historia, lo más probable es que ninguno de sus pretendientes la recordemos jamás. Así suele ser ella, da y luego quita, pero quita todo y de lleno, y no lo digo al ahí se va. Se deshace de fotos y cartas, muñecos y alianzas, todo lo que le recuerde que alguna vez también amó. Era muy sencillo caer rendido ante Eva, de ojos color miel, grandes y expresivos; pestañas largas y rizadas, cabello negro azabache y dientes blancos como la leche, grandes y parejos, que no dudaba en presumir siempre...