2005

Adelanté dos horas mis relojes para pensar mejor en ti. Si al conocernos hubiese adelantado dos décadas a mi existencia, tal vez todavía hablaríamos de amor.

Veinte años después, vuelvo a admirar a quien fuiste. El muchacho inteligente que me hacía pensar e imaginar. Que me regalaba libros y me escribía poemas. Que me encontraba en museos y me citaba en cafés. El mismo que, por alguna razón incomprensible, me admiraba a su vez, a pesar de que yo no fuera digna del menor de sus afectos.
 
Dos décadas después, aún te admiro, quizás mejor. En tu sombra y resplandor. Contradicciones que a mí misma me acompañan todavía, que de alguna manera ya he hecho parte de mí. Porque te quiero y te odio, igual que antes, pero ahora por quererte tanto todavía. Por sentir algo por ti cuando ya no debería. Por desearte en mi presente cuando soy pasado para ti.

Decir que te extraño sería vulgar después de todos estos años. Y sin embargo, te extraño.

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