Tu voz es una piscina en la que quiero sumergirme. 
Una enredadera que se atora en mi interior. 
Fuentes brotantes de miel que desbordan por mis oídos: 
ámbar reluciente, terciopelo líquido, oro derretido.

Tus ojos son un laberinto de donde no he encontrado la salida. 
Trampas insaciables de arena movediza. 
Transparentes, fosforescentes, que brillan en mi oscuridad. 
Islas en que habitualmente suelo naufragar.

¿Y qué puedo decir de tu geografía? 
Valles solitarios que claman por compañía.
Tierra Santa por la que he peleado cual cruzado 
y reclamado mía desde el día en que te vi.

Comentarios