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Mostrando entradas de enero, 2026

¿Se puede?

¿Se puede llamarte con el pensamiento?  ¿Forzarte a aparecer con la imaginación?  ¿Motivar un mensaje, incitar una llamada,  con el simple deseo de mi corazón?

Desaparición

No te sorprendas si un día no amanezco a tu lado. Si mis raíces podridas de pronto se convierten en alas. Si el miedo a decepcionar a los demás de repente se me desvanece Y empieza a ser más fuerte en mí el temor a fallarme a mí misma. No te sorprendas si un día mi único rastro es una nota escrita. Si las sábanas de nuestra cama cuelgan atadas por el balcón. Si mi caballo cenizo desaparece de su cobertizo. Porque ese día lo habré montado para no volver jamás. No te sorprendas si un día ya no me encuentras por los rincones, Llorándole a un amor perdido que se llama igual que yo. Ese día estaré muy lejos, embriagada de osadía, Mientras termino de escribir mi última carta de amor.

Deseo

Este deseo es tan grande que brota de mi corazón como un tallo que se alarga y se estira hacia el cielo, implorando por hacerse oír. Le salen flores a los costados color carmín y violeta, y hojitas tiernas verde limón de un suave y dulce perfume. Las flores se vuelven frutos con el paso del tiempo. Alimentan a los pájaros silvestres de mi oración. Cantan alegres amorosas alabanzas durante el día  y en la noche terminan cansados de tanto volar. En sus sueños, ansían mirarte,  cantarte, jugar contigo. Y todo eso desde el lugar más profundo de mi corazón.

Otro seis de enero

Esta mañana los pequeños salieron al encuentro de los Reyes Magos. Algunos recibieron carritos; otras, muñecas; y un par de bebés agitaron sus sonajas de novedad. Mientras ellos abrían sus presentes delante de papá y mamá, yo bajé a mi sala emocionda pero no te encontré. Dese hace varios años mi árbol está vacío de regalos. No te hallé entre listones y papeles multicolor. No te vi bajo el destello de las esferas de cristal. No estabas frente a las luces del árbol de Navidad. Esta mañana de seis de enero tampoco te encontré. Escucho a lo lejos risas por los juegos ganados, el murmullo de las muñecas que dicen “mamá”, el llanto de un niño pequeño en medio de la algarabía, desde el silencio de mi casa en otro seis de enero.