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Mostrando entradas de febrero, 2014

No es que no lo supiera(n)...

Cuán duro es notar que ya han crecido y que ambos me han dejado bastante atrás. Yo, una tonta enamoradiza que sólo piensa en sí misma, que siempre anda a la defensiva, que piensa que el mundo gira sobre sí. Y no es que no lo supiera, pero los dos me rebasan por mucho. Sus mentes, como océanos que resguardan millones de peces, dan hogar a tantos pensamientos que me pierdo, me ahogo, me vuelvo débil para luchar contra esa corriente marina de su razonar. Y pensar que antes me comparaba contigo, un loco soñador, corazón de filósofo y poeta... y que ahora he tocado fondo pues... Espera. No, al contrario, he permanecido en la cómoda superficialidad, en la ordinaria superficialidad, haciendo migas con quien antes ni a pensarlo me atreviera. Pero... saber que ambos están tan cerca de mí, que cada uno a su tiempo se fijó en mi brevísimo ser, me hace pensar que aun quedan unas gotas de filosofía en mis labios. Y mira que es ahora cuando lo veo. Los dos son tan parecidos... Ahora que lo recuerd...

déjà vu

—Estoy muy feliz de que estés aquí conmigo. —Yo también —le respondí, dibujando una sonrisa en mis labios y recargándome en su hombro.  Por lo general, él no solía responder a mis muestras de afecto. Siempre que lo abrazaba, se mostraba rígido o me daba unas palmadas en la espalda, como si yo no fuera más que un amigo. Sin embargo, esta vez contestó a mi gesto rodeándome con su brazo, mejorado así mi postura sobre su hombro. No quería salir de allí. La sensación de estar entre los brazos de quien tanto admiraba era satisfactoria, porque eso indicaba que él me admiraba también. La situación era extraña, no lo voy a negar. Éramos dos amigos, mejores amigos, abrazados y mirando la oscuridad del mar; un mar que reflejaba la incertidumbre de esta rara sensación, de estas ganas de aventurarse en un mundo hasta ahora desconocido, de un sentimiento que, hasta la fecha, había estado escondido.  Pero fue ahí cuando lo descubrí. Un recuerdo llegó a mi mente, un aroma, que o...

Hoy abrí el baúl de mis recuerdos

Hoy abrí el baúl de mis recuerdos.  Tantas memorias, sucesos importantes, historias memorables... que guardé con amor porque recordaba esa época en que me amaste.  No te confundas, no los miraba con anhelo (por lo menos ahora ya no), sino con cariño. Aunque es verdad que, en mi imaginario egoísta, a partir de ellos me inventé un fantasma que tantas veces me sirvió para dibujar o para escribir; una musa sacada directamente de mi imaginación, un mero personaje de ficción que, tristemente, me llevó a ser Pigmalión. Pero entonces, si no eres tú ¿por qué me lastiman tus comentarios?  ¿Por qué me duele pensar que tu amor sea de alguien más?   ¿Y por qué carajo si fui yo quien se alejó,  quien te alejó? Ya, ahora recuerdo. Ahora recuerdo por qué estaba cerrado. Ya entendí por qué estaba enterrado. Es hora de regresarlo a su lugar.