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Mostrando entradas de diciembre, 2015

¿Qué quieres?

Quiero tu voz, tu sonrisa, escuchar tu escandalosa risa. Quiero tus labios, tus dientes, el color de tus ojos, tus ojos. Quiero tu mirada en la mía, tus abrazos entre los míos, tu cuerpo acostado a mi lado, mi cabeza recargada en ti. Quiero tu pasión por aprender, por ser mejor, por crecer. Quiero tu seguridad al hablar, al caminar, al simplemente estar parado en un lugar. Quiero tu porte, tu estilo. Quiero tu nombre, tu apellido. Quiero tu música y tu ritmo. Te quiero a ti, tu cuerpo, tu estatura. Tus besos, tus caricias. Tu familia, tus amigos y la forma en que les demuestras tu amor. Te quiero de pies a cabeza, hasta el último cabello. Tus ojos cerrados cuando te beso. Tu respiración agitada cuando estoy sobre ti. Porque estoy locamente enamorada de ti.  Pero...  Necesito su lealtad, su disposición para escucharme hablar. Sus palabras de aliento y paciencia. Que no tenía miedo a llorar. Necesito tranquilidad, la paz con que me envolvía al hablar. Su forma de enjugar mi...

Cristal

—¿Entonces qué somos tú y yo? —preguntó haciéndose el ingenuo, como si esa misma cuestión no se la hubiera hecho yo misma mil veces antes.  En aquél tiempo él no sabía qué decir. Se excusaba citando poemas de Benedetti y Cortázar, diciendo que "me quería porque no era suya" y que dejara de "construir puentes de un sólo lado". Cuando leí esos versos completos, entendí que él no quería más que mi cuerpo. Sin embargo, por poco feminista (o quizás muy feminista) que suene, la verdad me conformaba con eso. Nunca antes había sentido lo que sentía a su lado. Me envolvía entre sus brazos mientras fumaba su cigarro, con una sonrisa torcida después de hacer el amor. A pesar de que odiaba el olor, me gustaba mirar el humo, formando nubes etéreas en un techo de cristal. Así, como si de ese material estuviera hecha la habitación, estaban hechos los sueños que tenía a su lado: de frágil, delicado y quebrantable cristal. —¿Que qué somos tú y yo? —repetí su pregunta en un i...