Érase una vez...
Érase una vez una niña que creía ser adulta. Una niña que vivía rodeada de gente pero anhelando ser la pequeña princesa de su propio planeta, cuidando a su propia flor. Así pasaba sus días, viviendo para sí misma, feliz, haciendo caso omiso de lo que pasaba en el exterior. Fue entonces cuando un día, un obscuro día me atrevería a decir, desde lejos, llegó un buitre. Un enorme buitre negro como la obsidiana y de alas tan enormes como el mismo cosmos. La niña, curiosa por el extraño ser, pensó en obsequiarle una de las rosas de su jardín, de las que se sentía tan orgullosa. Siempre las tenía escondidas por miedo a que algo malo les sucediera, pero ese ser ameritaba ser dueño de una. "Abre tus ojos" le dijo, y sin darle tiempo de nada, la tomó con sus afiladas garras y le enseñó el mundo, volando por los cuatro rincones de la Tierra, enseñándole el bien pero sobretodo el mal. "No estás sola", le dijo. Le enseñó la gente, le mostró los estratos más bajos del mu...