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Mostrando entradas de 2017

Otoño (III)

I - II - III III A las seis en punto llegué al mismo café de antes y me sorprendí al contemplar que Lucía ya estaba ahí, luciendo de nuevo su largo abrigo morado. Me gustaba la manera en que contrastaba con su piel. —¡Fernando! —gritó ella para llamar mi atención. —¿Cómo estás?  Ordené mi bebida y me senté junto a ella. Evidentemente, la serie de sucesos de ese día, iniciando por mi extraño sueño del avión, habían cambiado mi perspectiva sobre Lucía. Este encuentro no se parecía en nada al primero. Esta vez me encontraba lleno de ánimo, curiosidad y, aunque me cueste decirlo: esperanza. —Bien, Lucy, gracias, ¿y tú? Oye, no lo vas a creer, pero ayer encontré unas cosas tuyas en mi casa y hallé una carta que... —¡Justo de eso quería hablarte! —interrumpió ella. Su repentina reacción me puso nervioso. —¿En serio? —titubeé al preguntar, notando el sudor de mis manos. —¿Tú…? Bueno… ¿De verdad te acuerdas de esa carta? —pregunté por fin. —¿Qué carta? —Bueno, admito que no es una carta ...

Otoño (II)

I - II - III II Regresé a casa sin poder dar crédito a lo que acababa de pasar. Habían pasado cinco años y medio de que no sabía nada de ella y ahora, como si nada, llegaba a pedirme un café para aumentar con ello las presiones en mi vida. Porque, después de todo, ¿de qué quiere hablar conmigo? Llegué exhausto y me tiré en el sillón, aventando mi gorro lo más lejos posible, como si aquella prenda fuera la habitación de mis tortuosos pensamientos. —¿Fernando? —Llamó una voz desde el segundo piso. —¿Tan pronto llegaste? Creí que irías a la editorial. —No. Fui por un café, nada más —respondí sin muchos ánimos. —Aquí tenemos café —comentó mi novia, Rebeca, bajando las escaleras. —Necesitaba salir. —¿Entonces por qué llegaste tan pronto? —Digamos que ya tampoco podía estar ahí. —¿Tampoco? Rebeca era una mujer divina. Era alta, de blanca piel y de cabello largo y castaño claro que combinaba con el verde de sus ojos. Era la mujer más bonita que había conocido y la más buena también, pero car...

Otoño (I)

I - II - III I Esa tarde, la lluvia mojaba la alfombra de hojas amarillas que había tejido el otoño y las pocas que quedaban todavía en los árboles semidesnudos, las tiraba con su paso. Sonará tonto, pero las compadecí por lo mucho que me vi a mí mismo en ellas, porque no es fácil dejar el único lugar que has conocido toda tu vida. El crujido de las hojas se hacía cada vez más silencioso y por segunda vez detesté la lluvia, primero por arruinar mi paseo solitario y después por quitarme el placer de escucharlas sonar bajo mis pies. De cualquier manera, necesitaba salir y despejar mi mente. O quizás pensar. Y qué mejor que hacerlo en el café de la esquina, un lugar apacible que siempre fue mi lugar de escape. A diferencia de otras veces, el lugar estaba lleno (una razón más para despreciar el clima), pero me animé a quedarme al ver un sillón solitario con una mesita en el fondo. Pedí un pumpkin latte y ya en mi lugar predestinado, me puse a dibujar. Casi siempre llevo en mi mochila mis...

Escenarios

Ella salió de la sala de cine y se dirigió a la dulcería. Mientras ordenaba lo de siempre, una persona la abordó. —Veo que todavía te gustan las palomitas de caramelo —comentó. Era Él. Ella se sorprendió con su presencia y trató de ocultar que el hecho de que se acordara la había enternecido. —¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho? —preguntó Él con entusiasmo. Ella fingió una sonrisa y luego de un profundo suspiro, contestó con frialdad: —Cosas. Él, decepcionado con su respuesta, dijo: —Ah, ya. Entiendo. Disculpa por molestarte. Él dio media vuelta para irse. Ella lo entendió. Por un instante sintió tristeza, pero estaba satisfecha. Cuando recibió su refresco y palomitas, Él se aproximó otra vez. —Sé que ya pasó mucho tiempo y quizás ya no te importa, pero seguramente no volveré a tener la oportunidad de decirte esto, así que lo diré de todos modos: lamento cómo se dieron las cosas. Es todo. Ella estaba a punto de regresar a la sala de cine sin mirarlo, pero dándole la oportunidad de tener ...