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Mostrando entradas de abril, 2024

Y al final sí vivieron felices por siempre

Y al final, por mucho que se hiciera la fuerte, la independiente y la valiente, lo cierto es que sí era ella una princesa en apuros.  Prisionera en lo alto de una torre: la torre de su egoísmo, de su vanidad, de su soledad.  Custodiada por un gran dragón, el de su inseguridad y desesperanza, que se hacía más fuerte al alimentarse de sus múltiples defectos. La princesa, confundida, no sabía cómo salir. A veces se encerraba a propósito a llorar por su situación y otras, sólo miraba por la ventana con profunda melancolía, contemplando lo alta que sería su caída si se decidiera a saltar.  Pero entonces llegó un caballero en brillante armadura azul, montando un caballo plateado que brillaba con el sol.  Con una espada en la mano derecha y un ramo de rosas rojas en la izquierda, se atrevió a enfrentar al dragón, seguro de que sólo él podría vencerlo. Luchó con perseverancia,  valentía e inteligencia y con una lealtad heroica que es muy difícil encontrar al día de hoy....

Oda a mi Cuaderno Rojo

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Y de repente otra vez sonrío. Y de repente otra vez soy feliz. Y pienso en las cosas que hice, en las que hicimos, y por primera vez les veo sentido. No me avergüenzan o me entristecen, al contrario, me enorgullecen.  Porque al final, esa es mi vida. Y al fin la entiendo. Y la acepto. Y la quiero. Lo mucho que amé. Cuánto reí. Cómo lloré. Lo tanto que sentí. Lo intenso que viví. Lo mucho que escribí. Sobre ti, sobre mí, sobre todos. Todos esos que parecían destinos, pero eran sólo paradas. Muchos parecían futuro y fueron sólo pasado. Y los que parecían pasado, al final siempre fueron presente. Y no está mal, al contrario, me alegro. De lo mucho que amé y fui amada. Cuánto reí. Cómo lloré. Lo tanto que sentí. Lo intenso que viví. Lo mucho que escribí. Sobre ti, sobre mí, sobre todo. En mi pequeño y vasto cuaderno rojo.