El Museo de las Muñecas Rotas
En la calle detrás del viejo edificio que solía fungir como oficinas de gobierno, existe un museo de muñecas rotas y decrépitas que un día fueron amadas y después, desechadas. Comenzó como un lugar de reparación de muñecas antiguas, pero cuando los dueños olvidaban recogerlas y nadie buscaba comprarlas, el propietario decidió conservarlas y exhibirlas en un aparador, a vista de merodeadores curiosos y viajeros excéntricos. El día que ingresé al hospicio de compañeras de plástico, madera y porcelana, lo primero que capturó mi atención fue una hermosa muñeca de piel lechosa, cabello caoba ensortijado, con un gorro y vestido blanco de flores y encaje, que tenía la mitad de su cara rota. Sobre la repisa, delante de sus pies, estaba escrito su nombre en una etiqueta dorada. Yo sólo pude pensar en la crueldad de nombrarla y abandonarla después. Había otra muñeca, la más antigua de todas, que tenía su propia vitrina en el anaquel. Se veía intacta, completa y, como leyendo mi mente, uno de los...