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Mostrando entradas de marzo, 2016

Dalia

Es tu nombre tan hermoso como la flor a la que llama. Eres bella como las lavandas que impregnan con su aroma tu vestido violeta. Eres fuerte y obstinada como las rosas que con sus espinas se empeñan en protegerse de nada. Eres altanera y orgullosa como el alcatraz con el que adornaste el florero de tu mamá. Eres tierna como una margarita silvestre y, al mismo tiempo, eres terca como la hierba imposible de podar. Dalia, si tan sólo fueras tan paciente como una semilla en algodón... Pero no lo eres. Eres una flor a la que le salieron alas, eres el Ave del Paraíso, que florece con la esperanza de un día emprender el vuelo y marcharse para siempre. Dalia, me gustas tanto, te admiro tanto, te quiero tanto, y a veces quisiera no amarte como lo hago porque sé bien lo que soy para ti: un jardinero que corta las plantas para verlas morir. Pero no soy así. Sí, quiero ser tu jardinero, pero para regarte de besos, abonarte de caricias y podarte los temores nada más, para que tus fl...

Claudia

Siempre creí que te irías primero, antes de que yo te lo pidiera. Creí que en algún momento abrirías los ojos y descubrirías que yo no era el indicado para ti. Y es que al final eras muy buena, demasiado buena para mí y yo lo sabía, ¿cómo es que tú no? A veces, en mi imaginación, te veía más con Raúl o Ernesto. Sí, incluso cuando ya estábamos juntos. Te veía siendo querida como te mereces, atendida con ternura y cariño, dos conceptos en los que yo nunca pude encajar. Imaginaba a tu mamá feliz de la vida con Raúl como yerno, ya ves que, como ella, él era más de izquierda; yo, en cambio, cuando hablaba con ella era tímido y retraído, no fuera a ser que la ofendiera con algún comentario mío. Sí, trataba de agradarle, pero más por mí que por ti; de todos modos, los dos sabemos que nunca logré caerle bien. Te digo que también te veía con Ernesto. Siempre creí que ustedes dos se llevarían mejor que nosotros. Él era todo un caballero e ingeniero, igual que tú. Lo admirabas bastante, ahora q...

Microcuento

—Eres guapísima. —Gracias, aunque no sé cómo tomármelo de alguien que sólo ha salido con feas. FIN.

Brenda

Recuerdo la primera vez que te vi. Me caíste mal desde el principio, es cierto; especialmente porque, con la impertinencia que te caracteriza, cuando me pediste prestado mi examen para ver en dónde te habías equivocado, tuviste el descaro de decirle al profesor que había cometido un error al calificar. Te subió la calificación y a mí me bajó la nota, como era de esperarse después de tu observación. De inmediato me sonreíste como si nada hubiera pasado. Desde ahí tenía que haberme dado cuenta de cómo eras. Ese día que nos dejaron el trabajo juntos, quería morirme. Suelo ser de los que lideran en los equipos, pero sabía que contigo iba a ser distinto. Eras terca, mandona y "toda una controladora", según bromeaban tus amigas. Te gustaba que las cosas se hicieran a tu modo y precisamente por ello me estaba preparando mentalmente para pelear contigo o bien, ceder en contra de mi voluntad; pero no fue así, pediste mi opinión y en verdad la tomaste en cuenta. Tenías carácter fuert...