Escenarios II
—¿Alguna vez has pensado cómo hubiera sido la vida entre nosotros?
—Algunas, sí —respondió avergonzada, sonriendo.
—¿Y qué te imaginas?
—Que me explicas por qué el cielo es azul.
Él se echó a reír.
—¿Qué más?
—Nada más.
—¿En serio?
—Sí. Bueno, a veces me hago preguntas e imagino que tú me las contestas. Como por qué la leche sube al hervir.
—Es por el vapor atrapado en la capa de grasa y proteínas.
—A eso me refiero —dijo ella entre risas.
—¿Entonces eso es todo? ¿No imaginas nuestras rutinas o cómo serían nuestros hijos?
—No, lo siento —contestó ella avergonzada—. ¿Tú sí?
—A veces. Es decir, sólo respecto a las cosas que tenemos en común. Como que ahora también te gustan los perros, por ejemplo. Antes me decías que no querías tener mascotas.
—Lo recuerdo.
—También me imagino que veríamos series.
—Eso es muy común —comentó ella, arqueando una ceja.
—Pues sí, pero nunca antes vimos series juntos.
—Es que no existía Netflix.
—Lo sé, por eso sería una novedad.
Ella sonrió.
—En fin, ya tengo que irme. ¿Nos vemos otro día?
—Creo que no.
Él sonrió, abnegado.
—Bueno, me dio gusto verte.
—Igual a mí.
—Adiós.
—Adiós.
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