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Perdida

Este día, como siempre, no he podido dejar de buscarte. Te busco entre la música de los conciertos a los que no voy y entre las letras de las canciones que ahora me gustan por ti. Entre la arena dorada de las playas que nunca visitamos y las hojas de los árboles de los parques a los que nunca fuimos. Te busco entre las pinceladas de las pinturas que miro en museos y debajo de las piedras de esculturas y monumentos. Te busco en mi lugar de trabajo e incluso en el lugar donde vivo. Te busco en la tierra, el mar y el cielo, y rezo porque al menos en el Cielo te pueda encontrar. Busco tu sonrisa y tu ceño fruncido detrás de esos anteojos que son tu sello personal. Busco tus ojos transparentes que casi no ven bien, pero que vieron en mí más de lo que yo veía. Busco el espacio en tu corazón donde me guardaste y el lugar en tu memoria donde me fuiste a botar. Busco el huequito que me destinaste en tu vida y por más que busco, no lo puedo encontrar. ¿Acaso todavía existe? Tú mismo me lo most...

Enrique

Siento como si algo faltara, como si el mundo fuera un lugar distinto. Aunque todo parece igual, este cielo no es el mismo: me falta una estrella. Me faltas como a cualquier otro que te conoció y al mismo tiempo, como una necesidad especial: la mía; porque aunque todos dicen que nos querías por igual, sé que entre nosotros había algo especial. No sólo te quise, te respeté y admiré. Sé bien que hoy ya no estás, pero me cuesta creer que tampoco mañana, ni pasado mañana, ni el día después de ese. Me acostumbraste a tus historias y a tu risa, a esa forma tan particular que tenías de disfrutar la vida. Y ya no estás. No sé si tu partida me duele más o menos que a otros, pero me duele. Y es que, aunque sé que voy a sobrevivir sin ti, sin tu sonrisa, sin tus historias, sin tu comida, sin tus bromas y ocurrencias y los lugares sin explorar... la verdad es que no lo concibo. Hace sólo unos días que te fuiste y ya te extraño. Será porque te fuiste sin despedir, sin avisarnos, sin preguntar por m...

30 de agosto de 2019 (15:15 hrs)

La verdad nunca creí que te nos fueras. Al menos no así, tan pronto.  Después de que me contaste cómo aquél día en el hospital te arrancaste el suero del brazo y te escapaste de los enfermeros, pensé que le darías más batalla a la muerte y que al final tú acabarías con ella, así, con una de esas escopetas que coleccionabas.  Aún te recuerdo bajando esa serpiente de cascabel de una esquina para que todos la viéramos y entrando en aquella laguna caminando derechito, sin detenerte, con todo y la ropa puesta para hacernos reír.  Te recuerdo en muchos viajes y en uno o dos campamentos, con ese sombrero que ya era tu sello personal y dejándome acostar en la parte de atrás de tu combi anaranjada.  Te recuerdo entre hojas tropicales y croar de sapos; entre risotadas y largos silencios, oyendo atenta a tus historias.  Te recuerdo enojado, feliz y preocupado por problemas que no eran tuyos, y haciéndolos tuyos cuando los ayudabas a resolver.  Te recuerdo llevándome a...