Enamorarme de ti fue mi perdición
Enamorarme de ti fue mi ruina. En el instante en que te amé, me condené. Mi peor error fue hacerte parte de mi vida. Tu seducción se convirtió en mi maldición.
Porque cuando te encontré, me perdí. Cuando te conocí, ya no supe más quién era. Te miré a los ojos y me convertiste en piedra. Y con un beso de tus labios bebí un veneno mortal.
Y me morí. Se murió la mujer que yo era: llena de potencial, confianza y belleza. Ambición. Propósito. Felicidad.
El colmo es que, como con Síndrome de Estocolmo, este cadáver seco aún sigue pensando en ti. Aspirando a que me regreses el aliento de vida que me robaste y el cofre del tesoro donde guardaste mi corazón.
Al final, fuiste un ladrón disfrazado de príncipe. Un lobo despiadado vestido con piel de oveja. Un cobarde envalentonado con dotes de mal actor: mentiroso, traicionero, malo y manipulador.
En mi mente conservo recuerdos de cosas que no sucedieron, imágenes de momentos felices entre los dos. Mi memoria me confunde mostrándome sólo lo bueno. Pero enamorarme de ti fue mi perdición.
Comentarios
Publicar un comentario
Comentar