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Mostrando entradas de 2015

¿Qué quieres?

Quiero tu voz, tu sonrisa, escuchar tu escandalosa risa. Quiero tus labios, tus dientes, el color de tus ojos, tus ojos. Quiero tu mirada en la mía, tus abrazos entre los míos, tu cuerpo acostado a mi lado, mi cabeza recargada en ti. Quiero tu pasión por aprender, por ser mejor, por crecer. Quiero tu seguridad al hablar, al caminar, al simplemente estar parado en un lugar. Quiero tu porte, tu estilo. Quiero tu nombre, tu apellido. Quiero tu música y tu ritmo. Te quiero a ti, tu cuerpo, tu estatura. Tus besos, tus caricias. Tu familia, tus amigos y la forma en que les demuestras tu amor. Te quiero de pies a cabeza, hasta el último cabello. Tus ojos cerrados cuando te beso. Tu respiración agitada cuando estoy sobre ti. Porque estoy locamente enamorada de ti.  Pero...  Necesito su lealtad, su disposición para escucharme hablar. Sus palabras de aliento y paciencia. Que no tenía miedo a llorar. Necesito tranquilidad, la paz con que me envolvía al hablar. Su forma de enjugar mi...

Cristal

—¿Entonces qué somos tú y yo? —preguntó haciéndose el ingenuo, como si esa misma cuestión no se la hubiera hecho yo misma mil veces antes.  En aquél tiempo él no sabía qué decir. Se excusaba citando poemas de Benedetti y Cortázar, diciendo que "me quería porque no era suya" y que dejara de "construir puentes de un sólo lado". Cuando leí esos versos completos, entendí que él no quería más que mi cuerpo. Sin embargo, por poco feminista (o quizás muy feminista) que suene, la verdad me conformaba con eso. Nunca antes había sentido lo que sentía a su lado. Me envolvía entre sus brazos mientras fumaba su cigarro, con una sonrisa torcida después de hacer el amor. A pesar de que odiaba el olor, me gustaba mirar el humo, formando nubes etéreas en un techo de cristal. Así, como si de ese material estuviera hecha la habitación, estaban hechos los sueños que tenía a su lado: de frágil, delicado y quebrantable cristal. —¿Que qué somos tú y yo? —repetí su pregunta en un i...

Una habitación, por favor

—Una habitación, por favor —le dije al recepcionista. Me sonrió con amabilidad, por lo que alcancé a ver por el rabillo del ojo, pero lo cierto es que no quería verlo, a él ni a nadie. Una sola sonrisa podría haberme hecho derrumbar en llanto en ese momento. Me dio la tarjeta de la puerta y me indicó el camino a mi cuarto. Nadie me llevó, no había maletas qué cargar, aunque algo dentro de mí se sentía muy pesado. Llegué al elevador apretando con fuerza mi bolso entre las manos, apretando los puños, contrayendo mi cuerpo. Contuve la respiración un momento y luego exhalé lentamente, trataba de tranquilizarme y ahorrar mis energías para después. Salí del elevador. Recorrí el pasillo y ahí estaba, hasta el fondo, la habitación 419. Creí que me desplomaría con sólo mirar el número, pero entré casi indiferente y cerré la puerta tras de mí. Entonces comencé a llorar. Cerré mis ojos fuertemente y sentí cómo mos lágrimas mojaban mis mejillas, cómo empapaban mis pestañas, cómo se metían a mi b...

Tontos

¿En qué me he convertido? En un cliché, en un estereotipo. En "la bonita tonta" que hay en cada sitio: bonita, porque lo soy y tonta, porque tú me hiciste.  Tonta por enamorarme de ti con un beso. Tonta por pensar en ti en cada desvelo. Tonta por creer que yo era especial. Tonta por verle futuro a este amor fugaz.  Tonta por esperar tanto. Y tonta también por no saber esperar. "Tonta, tonta, tonta, tonta", repito golpeando mi frente; ya no tanto por castigo, sino por hacerte salir ahora mismo. Tonta, pero si no me quieres, tú también lo serás por no entender de qué te pierdes si ahora te vas. Pero igual si me quieres, el tonto eres tú por querer a una tonta que se enamoró de un tonto que la hizo tonta cantando una canción.  Tontos. Tontos tú y yo. Que creímos que sería divertido jugar al amor. Tonta yo, por creer que te ganaba. Tonto tú, por no prever que yo iba a perder.  Más tontos, al fin y al cabo, por creer que entretiene lastimar. Por inventarnos mil mentiras...

Fuiste

Fuiste un trago ardiente de buen tequila, eso que dudé en meter a mi vida, dos gotas de miel que mojaron mi almohada, una de ellas dulce y la otra, amarga. Fuiste una lección mal aprendida, un golpe al corazón, una llama encendida, un techo transparente, lleno de estrellas, ese par de ojos que las deslumbró a ellas. Fuiste un aventón para una fiesta, una llamarada en plena foresta, fuiste el guardián de mis pensamientos también el autor de todos mis secretos. Fuiste mil cosas y nada a la vez, mi vuelto invertido en tragos de jerez, mi tiempo perdido en mil juegos de azar, la única cosa que no podré amar.

Hazme un favor y vete

Vete antes de que suceda lo inevitable,  que un día te quiera y  tú tengas que marcharte;  que un día te necesite y  tú estés en otra parte.  Hazme un favor y vete. Vete antes de que tus ojos  sean mi referente de lo hermoso.  Antes de que mi piel  se acostumbre a tus caricias.  Antes de que mis labios ya no puedan besar nada más.  Hazme un favor y vete. Vete pronto, no te tardes,  porque esto acaba de empezar  y aún me quedan dos palabras  que no quiero pronunciar.  Es más fácil pedirte que te vayas,  a suplicarte que te quedes.  Más sencillo desear que te marches,  a que suceda un milagro y no te alejes.  Porque al final de cuentas,  pedirte que te vayas sería mi decisión  y el hecho de que te quedes  está lejos de mi jurisdicción. Vete, pero vete pronto.  Y si no te despides, será mejor.  Porque no habría forma en que yo te deje  si no me rompes primero el...

Peligro inminente

Es evidente que desde hace unos días  estoy enamorada de ti. ¿Cuándo pasó? No sabría decirlo.  ¿Cómo pasó? Quizás tengo una idea.  Pero lo cierto es que en este punto ya nada me parece seguro: presiento el peligro. De quererte y en realidad nunca tenerte.  De arriesgarme y que no sirva en adelante.  De enamorarme y que no pongas de tu parte.  De darte todo y sin nada despertarme. Y lo cierto es que sí, eres peligroso.  Pero quizás fue eso lo que amé de ti.  Porque tocarte es como intoxicarme y al besarte me siento morir. Nunca antes me había gustado tanto el peligro.  Y nunca antes había tenido nombre y apellido.  Me gustan los retos, siempre fue así.  Pero jamás pensé que todos vendrían de ti.

Amé

«El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» 1 Cor 13, 4-7 El amor es generoso, ¿pero qué no es también un poquito egoísta? Porque te quiero y te quiero para mí. Y te quiero sin importarme nada más.  Te quiero y quiero estar contigo. Quiero mirarte todo el tiempo. Escucharte envuelta en tus brazos. Quiero enseñarte y que me enseñes; aprender contigo, porque te admiro. Me gustas, me encandilas, me encantas. Me asombras, me espantas, me quiebras. Me construyes y me destruyes. Así es como siento el amor. Si es que el amor fuera un sentimiento, porque he escuchado que es una decisión. Pero ¿acaso no fui consciente esa noche en que, tomados de la mano, nos miramos, nos besamos? Sabía qué estaba haciendo...

¿En qué momento?

¿En qué momento te volviste tan necesario? ¿En qué momento tu voz, tu risa, tus pasos dando vuelta a la esquina, fueron motivo de ilusión para mí? ¿En qué momento la oscuridad se volvió mi amiga? ¿En qué momento ansié que llegara otro día? ¿En qué momento tus manos, tus labios, comenzaron a ser el motivo de mis desmayos? ¿En qué momento me perdí? ¿Y cómo fue que te hallé a ti? ¿En qué momento planeaste besarme y mi mundo entero venir a volcarme? ¿En qué momento me quisiste? ¿Cuándo empezaste a gustarme? ¿Dónde comencé a esperarte? ¿Cómo fue que me quitaste el sueño? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿En qué momento?

¿Alguna vez me recuerdas?

Te he visto crecer, te he visto cambiar, pero tú ¿alguna vez me recuerdas? Has ido a mil lugares, ¿te has acordado de mi? De cuánto me gustaba la calle, los museos, el parque. Si miraste a la distancia, ¿algún momento pensanste en mí? En que estaba lejos, en que un día hice lo mismo, en que ya no eres igual a aquél que yo conocí. Viste a mi artista favorito, ¿recordaste cuál es mi canción? ¿Alguna vez pasó mi imagen por tu imaginación? Ya no mi rostro, ya no mis ojos, ya no mis ideas o mi forma de hablar, ¿te acordaste de mi nombre, aunque fuera en un lugar? ¿Y qué pensabas? ¿Qué recordaste? ¿Te atreviste a hacer memoria de que un día me amaste? Y si no fue así, ¿qué hiciste? ¿Ya no te acuerdas que me quisiste? Te he visto crecer, te he visto cambiar, pero quisiera saber si aun me recuerdas. Saber si por lo menos, tan sólo un momento, pude vivir en tu memoria otra vez.

Quiéreme

Quiéreme como te quiero. Sin motivo, sin razón.  No más, no menos. Bueno, tal vez un poquito menos. Por gusto y con consciencia o incluso por compasión.  Que tengas ganas de repetir lo que dejamos sin concluir. Sintiendo curiosidad por si el sabor de mis labios sigue igual. Quiéreme como te quiero. Tal vez un poquito menos.  Quiéreme de verdad. Pero quiéreme una vez más.

Si te dijera que te amo...

¿Si te dijera que te amo, pensarías que estoy loca? ¿Que soy una tonta que vive fuera de su realidad? Una lunática, romántica, idealista, nada realista. Descuidada por tenerte,  perderte y quererte recuperar. Una indecente, irreverente, que ni al tiempo muestro respeto. Una idiota que tontamente espera a tener su momento. Y seguro cuando te hablo me miras con mucho recelo, pensando que es sólo una broma, o que en verdad estoy loca. Y miras mis ojos abiertos, brillantes como luceros por estar delante de ti, atentos ante tu estúpida presencia. Y te burlas, y te ríes, y te alegras de no ser tú el que se encuentre borracho y con resaca del corazón. Si te dijera que te amo, ¿siquiera me harías caso? Sé que vivo mendigando afecto al más pobre de corazón. Pero al final somos dos niños, viviendo en el mismo reino: el reino de los idiotas, de donde tú eres el Rey.

Mentiras piadosas

Ciudad Universitaria, 27 de mayo de 2015 Hoy, aquí, parada delante de ustedes, me gustaría darles un discurso emotivo, lleno de esperanza y agradecimiento para soltar una última lágrima por la dureza de la despedida. Pero la verdad es que no puedo. Si así lo hiciera, estaría mintiendo. Mentiría si digo, como en las películas, que llegamos hasta aquí solos y nos vamos con  una nueva familia; cuando la verdad es que, en mi caso, llegué sola y sola me iré. Hice amigos que, como siempre, se fueron y me dejaron; quizás más sabia y más madura, pero sola al final. Muchas veces creí que esta sería una etapa distinta. Que las personas, al ser mayores, serían de verdad más maduras o cuando menos valorarían mejor las cosas importantes y se comprometerían y formarían lazos más fuertes y estrechos. Pero no fue así. Cada quien toma lo que le conviene, lo que le gusta, lo que le acomoda y deja de pensar en los demás para servirse a sí mismo. La teoría egocéntrica se va desarrollando enton...

Sólo mi verso es libre

Estoy entre la espada y la pared. Entre la pared y lo que siento. Entre lo que siento y lo que debería sentir. No sé qué hacer.   Me siento en un profundo túnel Donde no encuentro la salida. Donde el camino parece difícil Y la meta inalcanzable. La gente cambia. Los amigos olvidan. Sólo el amor permanece cuando es de verdad. Y ni siquiera a eso puedo aspirar. ¿O acaso vale aquél que nace de la compasión?

¿Y si me quedo despierta?

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¿Y si me quedo despierta, esperando a quien no va a venir? Anhelando que te acuerdes de mí, llamándote telepáticamente para que, al menos, te despidas de mí. Ya no te pido un beso ni un abrazo. Ni siquiera una carta ni una llamada. Quiero un mensaje. Una señal. Te quiero a ti, por más difícil que sea. Quiero una directa, una indirecta. Un nuevo vago recuerdo tuyo, otro saludo anual. Sólo antes de quedarme dormida. Sólo antes de volver a despertar.