Abstinencia

Mi cuerpo tembloroso te ansía. Mi mente atormentada te extraña. Mis besos se resisten a habitar fuera de tus labios, celosos de poder llamarlos su primer hogar.

Mi vista anhela tus ojos. Mis dedos, tu pelo. Mis palabras se niegan a existir si no es tu boca la que responde.

Mi corazón es rechazado por mi propio cuerpo como un ente extraño: demasiado ardiente, demasiado vehemente, demasiado inconveniente para esta vida que elegí. 

De noche sueño que me lo arrancas. Tomas un cuchillo y me abres el pecho. Lo acoges con delicadeza entre tus manos ensangrentadas y lo besas con ternura, consciente de que te pertenece.

Por eso, ven. Reclama lo que es tuyo. Evita que este cuerpo exánime se pudra desde su interior, bajo esa lápida maldita que lleva su nombre, pero describe una vida que no reconoce.

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