Cabellología
Siempre he pensado que una mujer peinada es una mujer que tiene en orden su vida. A lo mejor no es así, quizás sólo sea mi tendencia a idealizar la vida de los demás; pero creo que si tienes el tiempo para hacerte ondas en el cabello, darle volumen con una secadora de mano o ponerte rizadores la noche anterior, es porque ya le asignaste un espacio y tiempo a todo lo demás. Yo siempre he ido por la vida con el cabello suelto, lacio.
Llevo tres años intentando encontrar mi estilo. Cuando abandoné mi trabajo corporativo, supe que era un buen momento para reinventarme. En mi vida de estudiante, llevaba mi cabello natural, lacio y suelto como cualquiera otra en aquellos días. Fue hasta 2015, año en que empecé a trabajar y a ganar mi propio dinero, que se me antojó teñirlo con luces moradas y fucsia como estaba tan de moda en esa época. Sin embargo, como mi puesto era algo importante y serio, pensé que lo mejor sería apegarme a mi cabello natural.
La primera vez que me teñí fue cuando dejé de trabajar. No era lo suficientemente valiente como para hacerme un cambio radical, así que, como virgen del tinte, me incliné por unas luces un poco más claras que mi tono. Me sorprendió lo caro que resultó el procedimiento, mismo que quedó opacado por el costo del balayage que me atreví a hacerme un año después. Esa vez también me puse fleco. No pude evitar sentirme como algún personaje de anime.
Luego de seis meses, aposté por un tinte sin efectos que mi billetera agradeció, aunque todavía le dolió. Conservé el fleco. De niña quería ser pelirroja y en esa ocasión, sin querer, así fue. Lo buscaba café, pero resultó más claro y rojizo de lo que esperaba, por lo que anduve en mi viaje por Europa pareciendo una Chica Superpoderosa. No me desagradó del todo, siempre había querido ser un poco más valiente en mis decisiones de cabello, pero me costó trabajo hacerme a la idea de mi nuevo look. Decidí cambiarlo para la próxima.
Medio año después volví a ser más conservadora; cosa que, aprendí, es parte de mi personalidad. Aposté por un café obscuro más parecido a mi tono natural y me encantó. ¡Por fin había encontrado mi color! A la gente a mi alrededor le costaba distinguir si llevaba el pelo pintado, pero a mí no me importaba; me gustaba que era café y no negro, como por tantos años estuve acostumbrada. Esa fue la última vez que pedí fleco, hasta entonces comprendí que no me gustaba.
Este viernes volví a cambiar de estilo. Lo teñí de un café que no resultó tan obscuro como la vez pasada (cosa que no me tiene tan contenta), pero con un corte en capas largas que le dio mucha personalidad. Me encantó.
Hoy por la mañana, salí de la cama, me cepillé el cabello todavía adormilada y en cuanto me vi en el espejo, me di cuenta de que me veo peinada. Las capas le dieron volumen a mi cabello. El fleco que me dejé crecer, parece una onda a propósito. No estoy a gusto con el tono, pero me he prometido no volverlo a teñir. Luego de tres años, creo que por fin encontré mi estilo: cabello largo, suelto, negro, con corte en capas largas. Quizás no necesitaba tanto cambio como pensaba. Y lo mejor: ¡me veo peinada!
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