No eres tú, soy yo
No eres tú, soy yo.
Yo, y el oscuro poder que él ejerce sobre mí. La influencia de sus ojos negros, territoriales y pérfidos, que penetran hasta el fondo de mi alma para robarme la juventud.
Yo, y su mente extraordinaria que me deslumbra y enceguece, obligándome a caminar a tientas hacia mi propia perdición. Anhelando el toque de sus manos, sus brazos, sus labios. La textura de su pelo enmarañado que resguarda sus excéntricas ideas.
Soy yo, y sus palabras que me atraviesan como un hechizo, cuando dice lo correcto en el momento preciso. Elabora sus pociones con destreza de alquimista y yo bebo del elixir milagroso que estimula mi intelecto y corazón.
No eres tú, soy yo y este antiguo maleficio con que he tenido que vivir mientras me voy muriendo en secreto. Nadando hacia la superficie contra la sirena que me ahoga, luchando por respirar con quien me roba el aliento.
Y así, en soledad, sin compartirlo con nadie. Sin atreverme ni a admitirlo conmigo misma en la cordura. Callándolo, ocultándolo, incluso con él, porque parte de esta maldición es que él sea inmune a mí.
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