Cometa
Una vez cada diez años, durante tres horas seguidas, atraviesa por mi firmamento tu brillo estelar.
Lo espero con la paciencia de una mujer que ha envejecido, pero con la ansiedad del adicto al narcótico de su predilección. Me hablas y tus palabras son como heroína en mi torrente sanguíneo. Me complaces y me halagas y me intoxicas el corazón.
No puedo menos que admirar tu fulgor extraordinario, que ilumina mis noches en vela como el sol al mediodía. Haces de la penumbra nuestra guarida secreta y me dejo guiar por tu luz como si no conociera el dormir.
Recorremos juntos los laberintos de nuestro pasado. Te abres paso entre mis bitácoras como explorador nato. Construimos nuevas habitaciones en nuestra memoria. Y luego, como siempre, te vas.
En mi ensoñación no me dejas, sino que subo contigo al cometa. Reclamamos el destino que tantas veces rechazamos. Llegamos al lugar que se nos tenía reservado. Y nos quedamos juntos como estaba escrito.
Pero, como siempre, no nos atrevemos: ni yo a detenerte ni tú a quedarte. Disfrutamos coincidir sólo por tres horas y nos volvemos a separar, como ya es nuestra costumbre, para encontrarnos otra vez hasta los próximos diez años.
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