Mentiras piadosas

Ciudad Universitaria, 27 de mayo de 2015

Hoy, aquí, parada delante de ustedes, me gustaría darles un discurso emotivo, lleno de esperanza y agradecimiento para soltar una última lágrima por la dureza de la despedida. Pero la verdad es que no puedo. Si así lo hiciera, estaría mintiendo.

Mentiría si digo, como en las películas, que llegamos hasta aquí solos y nos vamos con  una nueva familia; cuando la verdad es que, en mi caso, llegué sola y sola me iré. Hice amigos que, como siempre, se fueron y me dejaron; quizás más sabia y más madura, pero sola al final.

Muchas veces creí que esta sería una etapa distinta. Que las personas, al ser mayores, serían de verdad más maduras o cuando menos valorarían mejor las cosas importantes y se comprometerían y formarían lazos más fuertes y estrechos. Pero no fue así. Cada quien toma lo que le conviene, lo que le gusta, lo que le acomoda y deja de pensar en los demás para servirse a sí mismo. La teoría egocéntrica se va desarrollando entonces hasta su máxima expresión: la soledad.

Y me atrevo a decir soledad porque incluso hay compañías aparentes. Porque ¿acaso suena a amigo quien te alejó arbitrariamente de lo que una vez consideraste importante? ¿Suena a amigo quien tergiversa tus valores, aquellos que alguna vez fueron fundamentales para ti?

Nos vamos. Me voy. Y me voy sin ellos, sin él y sin ti. Me voy no con amigos, sino con viejos conocidos, que al final resultan ser más carga que no haberlos conocido jamás, pues el amigo que después resulta otro del montón siempre es el que más duele.

Les daría las gracias, pero la verdad ni puedo. No puedo agradecer su compañía cuando ya no están aquí. Su tiempo, cuando no me lo dieron. Ni su afecto, cuando fue temporal. Es cierto que mi corazón tiende a habitar en el pasado, pero mi mente está despierta en el presente y alerta hacia el futuro. Y la verdad es que en este momento, ya ninguno de los dos encaja en él.

Me hubiese gustado darles un discurso emotivo, sin precedentes. Que abriera su generosidad para derramar aunque sea una lágrima. Pero no puedo. No puedo venir a hablarles de amistad cuando perdí las mías. No puedo venir a hablarles de trabajo en equipo cuando tantas veces tuve que pararme sola, como en este preciso momento. No puedo hablarles de éxito, porque nuestros conceptos son distintos. Para ustedes es hacer cientos de amigos; para mí es no perder los pocos que tengo. Para ustedes es acumular "likes"; para mí es decir lo que pienso aunque deba incomodar y no le guste a nadie. Para ustedes es fingir estar estar bien delante de los demás; para mí es realmente estarlo, sin tenerlo que demostrar. Para ustedes es darle la vuelta a los problemas con salidas esporádicas, participando en miles de actividades y eventos para no voltear hacia su interior.

No vengo a decirles mentiras piadosas. Al final, sí, me he quedado sola. Pero no por eso soy infeliz. La vida es difícil, pero enseña. Y yo he aprendido a desapegarme de las personas y de las cosas y apegarme al único que ha sabido serme 100% leal. Para muchos será una mentira, para otros "mentira piadosa", pero falso es el mundo que se han construido, donde unos a otros se dicen amigos, cuando cada uno de ustedes sólo se preocupa por sí mismo.

Falsa tu sonrisa de fiesta, que esconde todo lo que anestesias. Falsa la ideología que defiendes, disfrazada de comprensión, pero producto de odiar a otro. Falso tú, falso él y falso yo, que deliberadamente nos engañamos, nos mentimos, juramos amor y amistad y al final nos fuimos. Sé que fueron mentiras que construimos para paliar la soledad. Mentiras piadosas que nos dieron temporalmente un poquito de felicidad.

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