La última vez que hablamos
Ayer encontré tu número de teléfono en una antigua libreta mía. Mientras me decidía a llamarte, pensé que ya no me acuerdo de la última vez que hablamos.
Hay despedidas que se le quedan a uno grabadas en la memoria, pero contigo fue diferente. Quizás sea porque nos hemos dicho adiós tantas veces, que ya ninguna de ellas cuenta. Ya no me acuerdo de la última vez que hablamos. ¿Cómo fue? ¿De qué platicamos?
Recuerdo que solíamos conversar de nuestros días de escuela. Te encantaba recordar la primera vez que te vi. Tú me mandabas canciones de las que te gustaba la letra y yo te compartía lo que acababa de escribir. Me acuerdo de lo que charlábamos, pero no de la última vez que lo hicimos. Sólo me acuerdo de la forma en que nos despedimos.
La noche que me pediste que me fuera contigo, te encontré sin mi maleta en el andén. Te decepcionaste de que sólo fuera a despedirte y no te dignaste a dirigirme palabra alguna. Cuando te marchaste, creíste llevarte contigo a un pretendiente enamorado, pero te llevaste también a mi confidente y amigo.
En nombre de eso último que fuimos, me decidí y te marqué. Mientras me daba línea, anhelaba escuchar tu voz; pero me contestó un desconocido, era el número equivocado. De haber sabido que no volveríamos a hablarnos, hubiera atesorado nuestra última conversación. Pero no fue así. Y ya han pasado tantos años, que ya no me acuerdo de la última vez que hablamos.
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