Luciérnagas

En temporada de lluvia, las estrellas se caen del cielo. Inmensos nubarrones cubren el firmamento y los astros que estábamos acostumbrados a ver, de repente ya no están. Las constelaciones se han perdido; Orión y la liebre se han ido y parecen no querer regresar. Entonces, al caer la tarde, diminutas luces brillantes se asoman entre los matorrales en la lejanía. Pequeños cuerpos celestes titilan y danzan flotando en el aire, compartiendo con nosotros su cálido fulgor. No hay luz como esa hecha por el hombre. Deben ser las estrellas.

En temporada de lluvia, las estrellas se caen del cielo. Bajan y nos visitan y se dignan a convivir con los humanos. Levitan sobre el pasto verde y juegan en las copas de los árboles. Y si extiendes la mano en el aire, un lucero luminoso llega volando hacia ti. Algunos dicen que son hadas, yo creo que son estrellas, pero quienes viven por acá les llaman luciérnagas.

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