30 de agosto de 2019 (15:15 hrs)

La verdad nunca creí que te nos fueras. Al menos no así, tan pronto. 

Después de que me contaste cómo aquél día en el hospital te arrancaste el suero del brazo y te escapaste de los enfermeros, pensé que le darías más batalla a la muerte y que al final tú acabarías con ella, así, con una de esas escopetas que coleccionabas. 

Aún te recuerdo bajando esa serpiente de cascabel de una esquina para que todos la viéramos y entrando en aquella laguna caminando derechito, sin detenerte, con todo y la ropa puesta para hacernos reír. 

Te recuerdo en muchos viajes y en uno o dos campamentos, con ese sombrero que ya era tu sello personal y dejándome acostar en la parte de atrás de tu combi anaranjada. 

Te recuerdo entre hojas tropicales y croar de sapos; entre risotadas y largos silencios, oyendo atenta a tus historias. 

Te recuerdo enojado, feliz y preocupado por problemas que no eran tuyos, y haciéndolos tuyos cuando los ayudabas a resolver. 

Te recuerdo llevándome al bosque y también al hospital. También recuerdo lo mucho que te gustaban los Beatles y la historia que me contabas de tu radio y tu papá. 

Te recuerdo llevándome a CU a hacer picnic con mi abuelita y preparándome un clamato en el patio de tu casa como si fuera un bar.

Recuerdo que nunca te dije que te quiero porque parecías un hombre muy duro, pero al final pudiste ser arrancado de este mundo como la tierna flor de un jardín. Ahora sé que debí decírtelo. Mi consuelo es que ya lo supieras.

En fin; recordaré todo de ti y brindaré con una cerveza en tu nombre, igual que como hace quince días, cuando lo hicimos por última vez. 

Te extrañaré cada día, mi tío Enrique, mi tío favorito, y te recordaré todos los días como el hombre excepcional que fuiste y que siempre serás.

Comentarios