déjà vu

—Estoy muy feliz de que estés aquí conmigo.

—Yo también —le respondí, dibujando una sonrisa en mis labios y recargándome en su hombro. 

Por lo general, él no solía responder a mis muestras de afecto. Siempre que lo abrazaba, se mostraba rígido o me daba unas palmadas en la espalda, como si yo no fuera más que un amigo. Sin embargo, esta vez contestó a mi gesto rodeándome con su brazo, mejorado así mi postura sobre su hombro.

No quería salir de allí. La sensación de estar entre los brazos de quien tanto admiraba era satisfactoria, porque eso indicaba que él me admiraba también.

La situación era extraña, no lo voy a negar. Éramos dos amigos, mejores amigos, abrazados y mirando la oscuridad del mar; un mar que reflejaba la incertidumbre de esta rara sensación, de estas ganas de aventurarse en un mundo hasta ahora desconocido, de un sentimiento que, hasta la fecha, había estado escondido. 

Pero fue ahí cuando lo descubrí. Un recuerdo llegó a mi mente, un aroma, que opacaba la salinidad del aire. Era el recuerdo de una loción, que tantas veces llegó a ser protagonista de mis sueños más profundos y otras muchas, de mis pesadillas. 

Mi mente, jugando conmigo, me trasladó al lado de un viejo amigo, mi mejor amigo de hace años y mi primer amor. Y entonces lo entendí. Como un déjà vu, otra vez estaba ahí la misma sensación, ese nerviosismo provocado por alguien de quien no lo esperaría: estaba enamorada de mi amigo.

Comentarios