Duele
Duele en la garganta, en la boca, en la nariz. En los labios, en los ojos, en el esófago. En la cabeza, en el corazón, en las mejillas. En el pecho, en los brazos, en el abdomen.
Duele en los intentos, en el futuro, en el tiempo. En el presente, en la vida misma, en la voluntad y el existir.
Duele en el cuerpo, fuera de él, en los pulmones vacíos de aire, en los ojos llenos de lágrimas, en el deseo de vivir, en las fuerzas para seguir.
Duele en el ánimo, en el esfuerzo, en las manos engarrotadas, en la parálisis del miedo, en la incapacidad de conciliar el sueño.
Duele en el pensamiento, en el actuar, el esperar. En las ganas de ser, de hablar, de respirar, de continuar.
Duele en el carácter, en la personalidad, en el ego. Duele en el alma, en la fe, en la esperanza. Porque me siento en Tus Manos y luego ya no. Me siento tranquila y luego ya no. Y duele Tu ausencia, nuestro silencio, mi mirada perdida, su mirada evitada.
Duele la lástima, el mismo dolor y la ausencia, sólo ausencia: de él o ella, de Ti y de mí. ¿En dónde estás? ¿Por qué te fuiste? ¿No te importa que nos hundamos? Duele.
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