Enferma de amor

—Disculpe, ¿cómo dijo?

—Enferma de amor —contestó el médico sentándose de nuevo en su silla detrás del escritorio, luego de auscultar a su paciente con el estetoscopio.

—No, no. Se equivoca. No estoy enamorada —contestó ella sin dar crédito al diagnóstico.

—Eso no fue lo que dije; digo que está usted enferma de amor.

— ¿Pero es que se puede estar enfermo de amor? ¡Es la primera vez que escucho que el amor sea una enfermedad! —replicó ella, indignada.

—Oh, sí. Lo es, lo es. Hay varias investigaciones serias al respecto. El caso es que muchos lo confunden con estar enamorado y es por eso que no se vienen a atender, pero si se detecta a tiempo, aún es curable en sus fases primarias.

La paciente comprobó en su ficha médica si no era ese un hospital psiquiátrico y pasó su mirada a los diplomas que acreditaban al doctor, cubriendo cual papel tapiz las paredes a su alrededor.

—Mire, yo no sé qué broma es esta, pero lo que tengo es muy grave y no me gustaría que se esté burlando de un asunto tan serio.

El doctor entendió la actitud de la paciente. No era el primer caso con el que se había topado en treinta años de devota labor médica. Caminó parsimonioso hasta su librero y cogió un viejo libro de color morado. Le quitó el polvo con un soplido y después de ponerlo en su escritorio, lo abrió en una página con un diagrama que solía ser a blanco y negro y que se había decolorado con el paso del tiempo.

—Mire aquí, ¿ve? Este es el corazón y justo aquí —dijo él señalando una pequeña área sombreada en el ventrículo izquierdo— es donde se produce el amor. Déjeme preguntarle, ¿tiene usted pareja?

La repentina pregunta del doctor le había subido el rubor a las mejillas a la paciente, que no esperaba la pregunta a pesar de haber pensado en un sólo nombre desde que escuchó la palabra "amor" en el consultorio.

—No, no tengo, ¿ya ve? —contestó ella satisfecha.

— ¿Hace mucho que terminó esa relación? —preguntó de nuevo el doctor.

La mujer, incrédula y ofendida por la impertinencia del médico, se paró de golpe y con el mismo movimiento se sentó otra vez. Había sentido una punzada que la había hecho retroceder y por suerte, caer nuevamente en la silla, agarrándose el pecho inútilmente, como queriendo sanar su dolor. Luego de eso, con mayor humildad que antes, contestó resignada a la pregunta del doctor.

—Hace apenas quince días... Pero escúcheme, estoy convencida de que eso nada tiene que ver. No es posible que el cuerpo resienta lo que sucede con los sentimientos.

— ¿Ha escuchado usted la frase "en cuerpo y alma"? Bueno, pues no hay órgano que resienta más lo que sucede en el alma que el propio corazón. Déjeme explicarle. Al momento de enamorarse de alguien, la sístole y la diástole, movimientos involuntarios con los que funciona el corazón, aceleran el ritmo de bombeo de la sangre hacia el resto del cuerpo. Si este tipo de actividad se prolonga porque el contacto con la persona es frecuente o la relación es cada vez más estrecha, este palpitar acelerado termina por dilatar esta parte del corazón, ¿ve?, la parte donde nace el amor. Esta parte se llena con los nuevos flujos de sangre bombeados al cuerpo; sin embargo, cuando la persona amada se va, como la sístole y diástole vuelven a su ritmo anterior y la parte donde se produce el amor ya está ensanchada, ésta requiere llenarse de sangre a un ritmo mayor, que ya no es posible. De ahí la sensación de vacío cuando una persona querida se va.

»En los corazones fuertes esto no pasa a mayores, pues el corazón suele bombear flujos considerables de sangre aunque a un ritmo distinto, pero en corazones como el suyo, los movimientos son insuficientes para llenarla, pudiendo provocar problemas en el resto del cuerpo. Déjeme preguntarle, ¿ha sentido que desfallece ante una fotografía del bien amado?

La paciente quedó boquiabierta después de la explicación del doctor, pues nunca imaginó que al amor era posible describirlo por el método científico; pero fue mayor su sorpresa cuando tuvo que contestarle que sí, luego de recordar que hace unos días, mientras organizaba unos archivos en su oficina, la imagen del protagonista de sus fantasías había aparecido de repente en una fotografía de ambos que se había traspapelado entre sus cosas. En esa ocasión, su corazón palpitó fuerte y por un segundo sintió alivio, pero enseguida recordó la manera en que se habían dejado y otra vez, la sensación de vacío.

—Muy bien, doctor —dijo la paciente con la mirada encendida—, le creo. En serio le creo. Ahora dígame qué tengo que hacer para curarme de amor.

—Existe una intervención quirúrgica que puede servirle a usted, que por lo que me cuenta, vino justo a tiempo. Es una operación a corazón abierto en la que se trata de reducir el espacio donde se genera el amor. Se trata de adecuarlo al ritmo que observa ahora su palpitar. Terminará con la sensación de vacío, aunque...

Las palabras del doctor resonaban como campanas en la cabeza de la paciente: "una operación a corazón abierto, a corazón abierto"; sin embargo, no estaba lo suficientemente distraída como para dejar pasar la pregunta obligada.

— ¿Aunque qué? —preguntó ella, temerosa.

—Aunque ya no será capaz de amar de la misma forma otra vez. Ya ve, tenemos que reducir su capacidad de producir amor, si lo quiere ver de esa manera.

—Aún sin la operación me cuesta trabajo imaginarme amando así de nuevo —dijo la paciente con tristeza.

—Imaginarse sí, pero todavía sería posible —concluyó el doctor y sus palabras se le incrustaron en el pecho a la mujer como cuchillos.

—Doctor, una pregunta —comentó ella luego de una pausa—, y así, con esta enfermedad, ¿peligra mi vida?

—No, ya ve usted lo que dicen por ahí: "Lo malo de morir de amor es que no se muere" —contestó el médico con aires de poeta.

— ¿Y usted me recomienda realizar esta operación?

—Depende de usted y de la paciencia que tenga. Está a tiempo de hacerla porque todavía no ama tanto, por lo que aún es posible devolver su corazón a su estado antes de hacerlo. Pero cuando ya ha pasado tiempo, la nueva forma del corazón se hace permanente y ese vacío no se llena con nada. Suele suceder que el paciente encuentra un nuevo pasatiempo o distracción y se llena un poco, pero todavía existe un espacio vacío. Algunos aprenden a vivir con ello, otras veces sucede que el paciente encuentra a otra persona y se ama incluso más que antes, por lo que ese espacio vacío se rellena y ensancha todavía más. Se ama más y mejor, pues; pero puede que pasen años para ello.

La paciente lo pensó un momento. ¿Cuántos años podría demorar otra persona que la quisiera de verdad? Aunque por otro lado, ¿quién dice que no sería capaz de rellenar ese hueco por ella misma? Tuvo que preguntarlo.

— ¿Y qué hay del amor propio? —preguntó ella desafiante.

—Ah, esa afección es diferente y su origen se encuentra justo aquí, en el ventrículo derecho —explicó el doctor señalando el diagrama—. La llamo así porque muchas veces se presenta como tal, pues sucede que las personas producen tanto amor propio que no se deja espacio para amar a alguien más.

—Creo que mi ex novio debería venir a verlo —dijo ella dejando escapar una risa.

—Vaya, estás mejor de lo que creía, ¡puedes reír! —comentó el doctor asombrado, dejando de lado toda formalidad.

—Claro, no es que me hayan quitado el corazón de un tajo —contestó ella apenada.

—Déjame decirte que la risa también se genera en el corazón y mientras más te ríes, más se fortalece este órgano caprichoso. En este sentido, un corazón fuerte puede hacer que tu palpitar, si bien no tenga el ritmo que provocaba la persona amada, pueda bombear un flujo de sangre más grande, lo que podría rellenar el vacío que tienes en donde nace el amor.

— ¿En serio? ¿Y por qué no me recetó risas en lugar de pasar directo a la operación?

El doctor, ajustándose los anteojos y con un semblante ofendido, preguntó: — ¿Cómo crees que me vería recetando risas?

Ambos se rieron todavía durante un rato y luego de un apretón de manos dieron por terminada la sesión.

—Amé demasiado, doctor —comentó ella triste, al momento de despedirse—. No sé si algún día mi corazón será capaz de llenar ese vacío.

—Sólo esfuérzate en fortalecer tu corazón y confía en Dios —concluyó el doctor.

Fue así como la paciente decidió no someterse a la operación aunque aún sintiera ese dolor y tuviera aquel vacío, pues luego de aquella consulta pudo comprender que aquel era el momento perfecto para tener un corazón más fuerte.

Comentarios

  1. Me encantó! Necesito el número de ese doctor! Ahooraa!

    Besos,
    Yomalli.

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