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Mar

No estás aquí, pero aún te veo en el espacio entre el mar y el sol al amanecer. En el destello dorado  que provoca en su superficie y en el viento que mece las aguas  queriéndolas despertar. Te veo en la ola adormilada  que rompe despacio en la orilla, así como en el vuelo  de la gaviota libre. En la espesa bruma fría  de las seis de la mañana y en la arena obstinada  que se aferra a mis pies. Veo lo poco que fuimos  como corales destrozados,  arrastrados sin voluntad y crueldad hasta la playa. Y veo todo lo que no fuimos como los granos de arena que se escapan entre mis dedos  sin poderlo evitar.

F6

Sólo tú me vuelves loca. Si me miras, si me tocas. Das la media vuelta y a mi reino lo derrocas. Vuelves a mí y entonces me acaricia la victoria. Estoy entregada a ti tan profundamente, como pétalos de ciruelo que se dan al vendaval. Muero con uno solo de tus besos y resucito al día siguiente que despierto junto a ti. Entra tímido el sol por la ventana y alumbra nuestro lecho, en nuestra habitación, que guarda el calor de despertar entre tus brazos y la alegría de ver primero tus ojitos al abrir. Todo es cálido, iluminado. Claro, acogedor. Feliz, sincero. La vida a tu lado es un sueño.

Desaparición

No te sorprendas si un día no amanezco a tu lado. Si mis raíces podridas de pronto se convierten en alas. Si el miedo a decepcionar a los demás de repente se me desvanece Y empieza a ser más fuerte en mí el temor a fallarme a mí misma. No te sorprendas si un día mi único rastro es una nota escrita. Si las sábanas de nuestra cama cuelgan atadas por el balcón. Si mi caballo cenizo desaparece de su cobertizo. Porque ese día lo habré montado para no volver jamás. No te sorprendas si un día ya no me encuentras por los rincones, Llorándole a un amor perdido que se llama igual que yo. Ese día estaré muy lejos, embriagada de osadía, Mientras termino de escribir mi última carta de amor.

Deseo

Este deseo es tan grande que brota de mi corazón como un tallo que se alarga y se estira hacia el cielo, implorando por hacerse oír. Le salen flores a los costados color carmín y violeta, y hojitas tiernas verde limón de un suave y dulce perfume. Las flores se vuelven frutos con el paso del tiempo. Alimentan a los pájaros silvestres de mi oración. Cantan alegres amorosas alabanzas durante el día  y en la noche terminan cansados de tanto volar. En sus sueños, ansían mirarte,  cantarte, jugar contigo. Y todo eso en el lugar donde nacen los deseos más profundos de mi corazón.

Tiempo

A veces pienso que el mundo está detenido porque tú no estás. Que el tiempo no puede avanzar hasta que aparezcas. Entonces veo nacimientos, defunciones y pasar cometas. El árbol seco no reverdece, pero el joven envejece. Vuelven a sonar las doce campanadas y cada una de mis uvas es un deseo de ti. Mi familia ya se cansó de decirme que el año que entra seguro sí. Yo siento que el tiempo no ha pasado por aquí. Me congelé, me detuve, como todo a mi alrededor. Y en un parpadeo pasé de cumplir veintinueve a treinta y tres. Pero te sigo esperando. Ya no con angustia, sino con esperanza y amor. Como desde el primer día que te concebí en mi corazón.

Un lugar que ya no existe

Mirarte es transportarme a un lugar que ya no existe. Ese momento en el tiempo donde pensé que te amaba. Observo tu rostro y de repente vuelvo a ser una niña enamorada, inmersa en triángulos amorosos, un parque de diversiones ruidoso, en el punto más alto de la rueda de la fortuna, pidiéndole un deseo a las estrellas. Esa noche pedí que me besaras. Mi deseo se cumplió un año después, en los quinceaños de Raquel. Todavía me acuerdo de tu saco negro manchado con mi maquillaje porque no sabía ponérmelo bien aún y todos los abrazos que nos dimos fuera del salón. Recuerdo mi nerviosismo al tener que apoyarme de tu brazo para poder caminar con mis zapatillas sobre el empedrado, y tu incomodidad que trataste de ocultar cuando sonó Belanova y te obligué a bailar. Mirarte me lleva a ese momento extraño donde cohabitaron en armonía nuestras versiones antiguas. Como si no hubiésemos sido nosotros, sino otros, quienes lo vivieron. Y en parte es verdad, porque esas personas ya no están. Hace mucho ...

Amigos de la universidad

Caía la tarde cuando los automóviles se estacionaron frente a la gran casa. Las luces exteriores acababan de encenderse e iluminaban con cálidos destellos dorados el azul zafiro del crepúsculo. Los anfitriones salieron a recibir a sus invitados con largos abrazos y los condujeron adentro para dar inicio a la velada. —Me encanta tu casa, Corina. Es preciosa —comentó la única otra mujer de aquella reunión, mientras la anfitriona le servía vino tinto en su copa. —Muchas gracias, Andrea. Siempre soñamos con tener un lugar así, ¿verdad, Antonio? Antonio le dedicó una sonrisa mientras alzaba su copa a modo de brindis, sentado con los demás a la mesa. —Me encanta su equilibrio entre tradicional y moderno. El estilo perfecto para una casa de campo —comentó Carlos, el artista del grupo, destapando otra botella. Mientras compartían la cena de cuatro tiempos que Corina había preparado con esmero, los amigos se pusieron al corriente de sus vidas. Habían pasado once años desde la última vez que se ...

Hoy me siento bien

Hoy me siento bien. Ya aprendí a no buscarme En donde no estoy: tus ojos, tu voz, tu corazón. Ahí no estoy. No estoy en la memoria  muscular de tus abrazos. Se nota que tus labios  no recuerdan mi sabor. No estoy en tu futuro,  presente ni pasado, porque apostaría a que ya me has olvidado. No estoy en tu humillación  y sufrimiento. Tampoco en tus logros  y éxitos. No en tus lágrimas  ni en tu sonrisa, ni siquiera en tu risa. Ahí no estoy. Tanto tiempo fui parte de ti, Que quise buscarme en ti. Pero ya no estoy ahí: estoy aquí. Estoy en el sol que  me da en la cara. En el viento que juega con mi cabello. Las ganas de levantarme  de la cama. Ahí estoy. Estoy en mi creatividad,  en mi poesía. En las cosas que construyo  cada día. En mi amar,  mi existir,  mi habitar: ahí estoy. Veo una ventana al frente. Observo mi peso en mi silla. Percibo la suavidad de mis rodillas. Aquí estoy.

Si tú, entonces yo

Si tú me quieres, yo valgo. Si piensas en mí, importo. Si dices mi nombre, existo. Si estás conmigo, yo vivo.

Catábasis

Llevo dos años y medio tratando de encontrarme. En el desierto dorado de su mirada penetrante. Bosques laberínticos de palabras que me hechizaban. Naufragio en islas perdidas de una mente extraordinaria. Llevo dos años y medio perdida entre las sombras. Vagando por un panteón, saqueando las catacumbas. Desenterrando ídolos antiguos en mis templos. Adorando figuras de latón, barro y cemento. Llevo dos años y medio buscándome entre los huesos de sacrificios humanos en el altar mi ego. Barcos que cambié de rumbo creyéndome ser el viento. Tesoros revendidos por la mitad de su precio. Mis brújulas no sirvieron; el por qué ahora lo entiendo. Quizás nunca estuve allí, por eso es que no me encuentro. Es momento de trazar mi propio mapa y caminos. Mi voluntad será estrella polar que me guiará a mi destino.