Prefiero no pensar...

Prefiero no pensar, que pensar en mí. Distraerme, que enfocarme en mí. Ver la televisión, antes que pensar en mí; sumergirme sin esfuerzo en una vida que no es la mía, con problemas que no son los míos, con soluciones que llegan aprisa, antes que pensar en mí. 

Prefiero olvidarlo todo antes de recordarme a mí. Prefiero mil veces odiarme antes que intentar amarme. Porque es difícil. Es difícil querer a quien ya no conoces, mirarte en el espejo y ver que no te reconoces. Mirarte a tus propios ojos y ver sólo fantasmas de tus problemas: ojeras moradas y hundidas por enfermedad y cansancio, tener mucho menos cabello después de todo el estrés, una piel pálida y manchada por no tener tiempo de cuidarla, y labios secos y nariz roja de tanto limpiar por llorar. 

Te veo y ya no te quiero. Ya no quiero seguir siendo tú, seguir siendo yo. En especial porque mi exterior es sólo un reflejo de lo que hay en mi interior: una mente enmarañada, oscura, triste, cansada, enojada, infeliz. ¿Por qué me cuesta estar feliz? Porque ya no soy la que era antes. Y por alguna razón no puedo ser la que quisiera ser. No tengo motivación, no tengo ánimos y no quiero escuchar consejos vacíos de gente feliz. Las paredes de mi corazón están rasgadas de heridas, pero mi corazón está vacío, ¿hay quien lo pueda llenar? La respuesta llega atropellada a mi cabeza: “sólo tú” (sólo yo). Pero me siento muy cansada para un trabajo así. Es mil veces más sencillo dejarme a mí misma a la deriva, que reconstruir mi barca y redirigirla hacia su ruta. Me siento muy cansada para emprender un trabajo así. Me siento muy derrotada para concluir un trabajo así. Sólo quiero recostarme, no pensar y ver la televisión. Porque prefiero no pensar, antes que pensar en mí.

Comentarios