Por mí

Prometí no mirar atrás para no convertirme en sal, pero no puedo negar que ya era polvo desde mucho antes, cuando a propósito me pulverizaba y me escondía entre la tierra para salir a tu paso al caminar y poder besar tus pies. A veces también me hacía rocas con tal de hacerte tropezar y entonces tú me veías, ¿te acuerdas? Y yo era feliz (por ti).

No, seguro que no me recuerdas, porque a propósito me perdí. Mi maldición es admirarte ya no desde bastidores, listo para encontrarte después de tu actuación; sino hasta la última butaca, en la más alejada de las filas, donde yo te veo en el escenario, pero tú ya no me ves; donde yo te escucho, pero no puedes oírme; donde yo te veo vivir al tiempo que me voy muriendo (por ti).

Al menos hoy me regocijo de que este bendito hechizo me ha dado la libertad tan anhelada de ya no quererte más. De esa forma mi voluntad al fin es menos tuya que mía, para verte pero no buscarte y para desearte sin la necesidad de ti, sin la insensatez de un adicto, sin la terquedad de un loco. Ya no estoy loco (por ti).

"Por ti", escribo, como si pudieras leerme. "Por ti", pronuncio en voz alta, como si pudieras escucharme. "Por ti", como si todo este tiempo te estuviera hablando a ti. Que lo hago, pero no como antes; ya no como al evidente receptor de esta emisión, sino como al extraño, al vagabundo, al ente de pura memoria en que te convertí que no puede ver ni escuchar ni responder ni vivir.

Por eso no es para ti este escrito ni es "por ti", sino por mí. Por mí, porque lo necesito. A ti ya no te necesito. Porque no necesito tu ayuda para avergonzarme a mí mismo llenando una hoja de sinsentidos, ahogado en los recuerdos, borracho de nostalgia. 

Ya no estoy loco (por ti). Sólo por mí.

Comentarios