Aves

¿Qué es lo que tienes? ¿Qué? ¿Qué es eso que me das que me invita a soñar, a pensar, a imaginar? Haces lo que quieres, deshaces lo que está a tu alrededor y luego, con los pedazos chiquitos en que dejas destruida mi ambición, haces tu nido y te envuelves, te escondes y me dejas de pie mirándote dormir en ellos. Y luego despiertas. Estiras tus alas y las empiezas a agitar, removiendo todo lo que está a tu alrededor. Deshaces tu nido, que es también el mío, y entonces me invitas a volar otra vez.

¿Qué es lo que tienes? ¿Qué es lo que me das? ¿Qué lo que provocas para animarme a echar a andar? Música, ruido, velocidad, adrenalina: son las palabras que describen lo que siento por ti. Y me animo y me lleno de ideas y te invito a vivirlas conmigo y entonces te acuestas a dormir otra vez. 

Así eres tú, loca, impredecible; que cambia el color de sus plumas de acuerdo a la ocasión. ¿Yo también soy ocasional? ¿O te quedarás conmigo?

Siempre huí de las fieras como tú, aves de carroña que desde su pedestal miran hacia abajo a los pobres moribundos. Los recogen, los acogen y los devoran al final. Y luego, por si eso fuera poco, usan sus alas enormes para irse lejos y escapar. 

Nunca me gustaron las aves como tú, pero tú eres diferente, ¿no es cierto? Dime si me engaño, ¿seré tan ingenuo? Porque te miro y no veo más que tu belleza y tus plumas de colores que hipnotizan a cualquiera.

Abre tus alas, pero esta vez no las despliegues para volar. Ábrelas y me recogeré entre ellas. Quiero hacer de ellas mi hogar. Déjame sentir seguro, te prometo el nido más bello, digno de una criatura tan hermosa como tú. ¿No? ¿No te quedas? Entonces vete de aquí. Sufro más cuando regresas que cuando no estás junto a mí. Vete y vuela libre. Vete pronto de aquí. Pero no olvides que también tienes tu jaula: la que has forjado con tu soledad.

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