El amor en los tiempos de Facebook


Subo mi foto, esa que tomé pensando en ti. Comienzan a llegar los curiosos, los envidiosos, los amigos, los conocidos. Uno, siete, veinte likes; ninguno tuyo.

Comparto la canción que me recuerda a ti, esa que tienes como tono de llamadas en tu celular. Escribo que me gusta, aunque en realidad no sea cierto, pero a lo mejor así me pones atención un momento. Uno, dos likes. Ninguno tuyo.

Hago un comentario tonto en una foto, tres likes. Otro inteligente como estado y obtengo quince likes, pero ninguno es tuyo. Dices que lo viste, incluso lo comentas al día siguiente, cuando nos vemos de frente. ¿Importa?

Subo otra foto y pasa lo mismo. Sé que la ves porque está ahí desde hace un mes. ¿Pero dónde estás tú? Te siento en mi vida real, pero en lo virtual ¿por qué no estás? ¿No deberías también manifestarte ahí? ¿No tendríamos que mostrarle al mundo que nos queremos, que nos cuidamos, que estamos enamorados?

Me siento como una loca. Debo dejar de obsesionarme por eso, aunque así sea el amor en los tiempos de Facebook. Pero es entonces cuando sucede, lo veo como notificación: le has dado like a mi foto. Y se acelera mi corazón.

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