Coincidencias

—¿Andrea? ¿Pero cómo Andrea? —pregunté sin poder ocultar mi indignación. Él sólo evitaba mi mirada, mientras sus labios dibujaban una sonrisa retorcida que le costaba disimular.

—Ya, era joven e ingenuo, ¿está bien? —comentó como en ánimos de dejar a un lado el tema, pero quise continuar la perorata.

—Entendí lo de Rocío, que era la típica niña bonita que a todos les gustaba y me imagino que el no reconocer su atractivo te hacía menos hombre delante de los demás —comenté con ironía—. ¿Pero Andrea? Ni siquiera era bonita. Era segura de sí misma, eso sí es cierto, o al menos lo aparentaba, pero nada más. Además, en ese entonces se hacía la tonta a propósito, nadie la tomaba en serio.

—¿Te das cuenta de que estás hablando de tu mejor amiga de ese entonces? —preguntó con sorpresa y deleite, como descubriendo al fin los celos que siempre quiso ver en mí.

—Lo sé —dije al fin, pero no sólo era eso. —Pero no sólo es eso. Tú sabes que precisamente por esos aires de superioridad e ínfulas de diva, al final no terminamos bien. Incluso después de salir de la escuela, en innumerables ocasiones me desahogué contigo por su molesta superficialidad. Te elegí como confidente, esperando que coincidieras conmigo y mírate ahora, confesando haberla invitado a salir cuando estudiábamos juntos...

—A ver si te entiendo —comentó con parsimonia. —Entonces no te molesta que me gustara tu mejor amiga, ¿sino tu peor enemiga?

—¡No, no es eso! —exclamé con vergüenza, mirando hacia abajo y acariciando mi cabello largo.

Me di cuenta de que evitó uno de esos comentarios burlones que siempre me hacía y en su lugar, se quedó callado, como esperando a que yo dijera algo más. Deseaba que él me preguntara qué era lo que realmente me molestaba, pero no lo hizo. Decidí contarle de todas maneras.

—El punto es que yo te tenía en un concepto bien diferente. Para mí eres... ¡eras! —corregí—, tan inteligente, tan reflexivo, tan profundo que se asfixiaría en la superficialidad de alguien así. Para mí eres... ¡eras! —corregí otra vez, llena de vergüenza—, el tipo de chico del que esperas se consiga una compañera diferente. Sí, es verdad, bonita, pero capaz de hacerte pensar. Una persona como...

—¿Como tú? —preguntó.

—Sí. Como yo.

—Bueno, me alegra ver que luego de tantos años por fin encontramos algo en que los dos coincidimos.

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